En “El diablo viste a la moda 2” el verdadero villano son las métricas

“El diablo viste a la moda 2” regresa 20 años después a una industria editorial donde las métricas pesan más que el criterio y donde Miranda Priestly descubre que el poder también puede volverse frágil.

Las representaciones visuales de la moda han moldeado la forma en que la entendemos y la soñamos. Recuerdo cómo la primera temporada de Project Runway fue una inspiración directa para decidir qué carrera estudiar al llegar a la universidad. Recuerdo también cómo miraba los capítulos sentado en el piso de mi cuarto, mientras dibujaba algunas prendas en una libreta de páginas blancas. Soñaba con que algún día sería yo el que estaría diseñando en un salón lleno de máquinas de coser, maniquíes y mesas de corte.

Más de veinte años después, terminé trabajando muy cerca de ese universo. Revistas, salas de redacción, colecciones de moda y estudios ligados al diseño. Por eso “El diablo viste a la moda 2” conecta conmigo desde un lugar bastante cercano.

Foto: Macall Polay - © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Dirigida por David Frankel, el mismo que estuvo detrás de Marley y yo, “El diablo viste a la moda 2” llega veinte años después de la primera película para volver al universo de Runway y a la relación entre la revista, sus editoras y el entorno de poder que las rodea. La cinta se estrenó el pasado 30 de abril en las salas salvadoreñas y todo apunta a que permanecerá varias semanas en cartelera.

Es sabido que las secuelas rara vez funcionan, pero aquí hay una excepción. Miranda Priestly, interpretada nuevamente por Meryl Streep, sigue al frente de Runway, aunque el terreno que pisa ya no es el mismo. Eso se siente desde las primeras escenas junto a Andy Sachs, interpretada otra vez por Anne Hathaway. 

Andy descubre rápidamente a una nueva Miranda. Una editora más complaciente con las exigencias externas de la revista, más amable con ciertos clientes y mucho más dispuesta a ceder espacios de poder. Resulta extraño verla sonreír y negociar con figuras como Emily Charlton, ahora convertida en una poderosa ejecutiva de Dior. Andy no recordaba a esa Miranda porque, sencillamente, nunca lo fue con ella.

El peso de una mirada editorial
Foto: Macall Polay - © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Ese cambio termina siendo uno de los puntos más interesantes de la película. Miranda ya no opera desde un pedestal inamovible. Lo que antes parecía garantizado, ahora tambalea. La vemos entrar en un juego de concesiones y estrategias impropio de una editora que siempre se mostró incisiva, fría, directa y completamente entregada a su visión editorial. Esta vez Miranda no intenta expandir su poder. Intenta defender Runway, defender su legado y demostrar que todavía es necesaria para una estructura como Elias-Clarke.

Después de una serie de desatinos editoriales, fuentes equivocadas y decisiones ejecutivas tomadas desde las métricas y las tendencias digitales, Andy vuelve a Elias-Clarke para ocupar el cargo de editora de reportajes. Una figura importante dentro de una revista como Runway porque representa algo que el ecosistema digital parece haber dejado de valorar. Representa la profundidad, el contexto y la construcción editorial.

Ahí es donde la película realmente encuentra fuerza. Lo que vemos es una sala de redacción intentando sobrevivir a una transición que muchas revistas reales todavía no terminan de procesar, el paso del impreso al digital. Runway y sus editoras aparecen como figuras resilientes, tratando de adaptarse a nuevas formas de consumo mientras los altos ejecutivos de Elias-Clarke buscan márgenes de ganancia cada vez más agresivos. La visión creativa empieza a enfrentarse constantemente con la visión financiera.

La moda frente al algoritmo
Foto: Macall Polay - © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Las fricciones aparecen rápido. Los ejecutivos quieren velocidad, números y rendimiento inmediato. Mientras tanto, la gente dentro de Runway sigue acostumbrada a otros tiempos, a otros ritmos, a construir el arte de mirar y ser visto. La película entiende bien algo que atraviesa hoy a muchos medios. Ya no importa demasiado si algo está bien curado, bien escrito o bien pensado. Lo importante es que funcione rápido, genere clics y responda al algoritmo. Frente a eso, las editoras de Runway siguen ejecutando cada imagen y cada texto con precisión milimétrica, intentando sostener una visión aspiracional de la moda, el estilo y las artes del lifestyle.

Una de las escenas más importantes ocurre cuando Miranda y Andy logran entrevistar a Sasha Barnes, interpretada por Lucy Liu, una celebridad profundamente admirada por Miranda. Ese encuentro termina funcionando como un impulso emocional para ella, casi como un recordatorio de por qué empezó a hacer todo esto. Más adelante, la película también encuentra uno de sus momentos más sólidos cuando Andy organiza una reunión clave justo durante un evento de la semana de la moda de Milán que Runway llevaba meses preparando. La situación obliga a Miranda a ceder protagonismo y, por primera vez, Nigel ocupa el lugar que siempre mereció. El hombre que durante más de veinte años fue el brazo derecho de Miranda finalmente tiene un momento propio, lejos de su sombra.

Foto: Macall Polay - © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Regresan Emily Blunt, Stanley Tucci y Tibor Feldman, mientras nuevos asistentes y personajes empiezan a abrir paso a una generación distinta dentro de la revista. Esa convivencia generacional funciona muy bien. La nueva Emily, la nueva Andy y las tensiones entre distintas formas de entender la relevancia editorial terminan aportando frescura sin romper la esencia de la película original.

No todo funciona igual de bien. Algunos momentos de comedia se sienten demasiado puestos para provocar risas rápidas y no necesariamente aportan textura al guion. De hecho, los momentos más divertidos de la película suelen aparecer de forma mucho más accidental y orgánica.

20 años después, la fantasía sigue funcionando
Foto: Macall Polay - © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Aun así, la nostalgia se mantiene porque la película entiende que no basta con traer de vuelta personajes conocidos. Los conflictos se actualizan. Los personajes envejecen. Algunos logran adaptarse y otros se quedan atrapados en una idea vieja de sí mismos. La secuela entiende muy bien algo que hoy atraviesa al mundo editorial, el desgaste del prestigio frente al dominio de las métricas y las finanzas.

Claro que esta esperada secuela sigue hablando de moda, pero también habla sobre la defensa de una mirada. Habla del valor de la curaduría, de las relaciones que sostienen una sala de redacción y de las personas que todavía creen que editar imágenes y construir narrativas culturales importa.

En el documental “In Vogue: The Editor’s Eye” hay una frase que vuelve constantemente mientras veo esta película. Cuando recordamos la moda, no recordamos la moda como tal, sino una imagen en una revista, hecha por un editor, que se quedó viviendo en nuestra cabeza. Ahí radica el valor de los editores y eso es algo que esta secuela entiende bastante bien.

Foto: Macall Polay - © 2026 20th Century Studios. All Rights Reserved.

Es claro que esta lectura está atravesada por lo personal. Por mi paso por revista Mujeres y por ese adolescente sentado en el piso viendo a Heidi Klum y Tim Gunn mientras intentaba entender cómo se construye una colección, una revista y una visión del mundo.

No quisiera cerrar creyendo que la película quiere decir más de lo que realmente dice. Tampoco hace falta buscar mensajes ocultos en el vestuario, la música o los escenarios. Para quienes no conectan con la moda o con este tipo de películas, probablemente no haya demasiado aquí. Pero para quienes sí, funciona perfectamente, son casi dos horas para apagar la realidad y volver a encender la máquina de sueños.

Los números acompañan. Según la revista Variety, la película recaudó 233.6 millones de dólares a nivel mundial durante su primer fin de semana, superando la biopic de Michael Jackson y quedando por debajo de The Super Mario Galaxy Movie. Habrá que ver si eso se traduce en nominaciones cuando llegue la temporada de premios.

Solo queda esperar que este éxito no convierta a El diablo viste a la moda 2 en una franquicia interminable. Hay películas que funcionan mejor cuando se les permite existir sin un ecosistema empeñado en explotarlas hasta el cansancio. Por ahora, es una recomendación clara para las próximas semanas en el cine.

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