4 atletas salvadoreños clasificaron al mundial de artes marciales después de subir al podio panamericano. Con la competencia cada vez más cerca, sus familias buscan reunir los fondos necesarios para llevarlos hasta Italia.
Sobre el tatami de la escuela Adulam no hay demasiados atajos. Cada movimiento, patada y giro se repite una y otra vez. En este espacio de entrenamiento, liderado por Antonio Hernández, cinta negra 5.º dan con 25 años de trayectoria en el estilo, 4 niños salvadoreños se entregan a jornadas físicas de hasta 12 horas semanales con la mirada puesta en un objetivo gigante que hoy parece tan cercano como difícil de alcanzar.
Marco Andrés López tiene 14 años y cursa 9.º grado. Su rutina diaria arranca a las cinco de la mañana, combinando la exigencia escolar con sesiones de gimnasio, entrenamientos especializados de karate y prácticas de fútbol que extienden su jornada hasta caer la noche. A pesar del desgaste acumulado, Marco Andrés mantiene intacta la motivación por superarse día a día. "Varias veces me ha pasado por la mente que no tengo ganas, pero me gusta pensar a dónde quiero llegar, entonces eso me hace querer ir al entreno y lograr más cosas", confiesa el joven atleta con mucha confianza.

A su lado entrena Renata López, su hermana de 9 años, quien cursa 5.º grado y comenzó en las artes marciales siguiendo el ejemplo familiar dentro de la escuela. Para competir en disciplinas colectivas, Renata tuvo que adaptarse a categorías de mayor edad, demostrando un compromiso notable sobre el tapiz. Su determinación sobre la lona convive con la ilusión de representar a su país en el extranjero. "Me llamo Renata López y nuestro sueño es ir a Italia", expresa con total firmeza.
En esa misma pista comparte horas de práctica Ximena Nieto, de 11 años, estudiante de 6.º grado que encontró en el tatami un canal para superar la timidez de sus primeros años. El entrenamiento continuo le devolvió una seguridad personal profunda, aunque el camino no esté exento de dudas cotidianas. "Normalmente a veces me pongo a pensar de que si realmente esto es lo que me gusta porque es muy cansado, pero luego pienso de que realmente este sí es mi sueño y que todo lo que he logrado es por algo", relata Ximena al reflexionar sobre la exigencia física del alto rendimiento.

Eliana Lizardi, de 11 años y también alumna de 6.º grado, completa este grupo. Su jornada inicia a las cinco de la mañana, saliendo de casa para cumplir con sus compromisos escolares y encadenar sesiones de entrenamiento. Para Eliana, la fatiga del camino se vence gracias al respaldo familiar y a la conciencia de una meta compartida. "A veces no quiero ir al entreno porque estoy cansada, pero también mis papás me animan porque hay que seguir adelante porque si no desperdiciamos todo el trabajo que hemos hecho", explica.
Para ella, ponerse el uniforme de competencia representa un compromiso de identidad nacional, señalando que viajar al extranjero es "una experiencia bien alegre y saber que podés poner en alto el nombre del país y darle otra oportunidad". En esa misma línea reflexiona Marco Andrés López, para quien esta travesía deportiva significa "una forma de redimir a nuestro país".
La gloria panamericana en Guatemala

La posibilidad de disputar un torneo mundial en Europa no fue una casualidad ni un regalo. Se ganó con sudor y medallas durante el Campeonato Panamericano de Kickboxing Cadetes y Juvenil 2025, realizado en Guatemala bajo la organización de la WAKO y la Confederación Panamericana de Kickboxing.
Aquel certamen reunió a cerca de 700 atletas procedentes de 17 países, incluyendo delegaciones tradicionales como Estados Unidos, México, Colombia, Brasil, Argentina y el país anfitrión. El Salvador se presentó con una delegación nacional reducida de la cual 7 atletas pertenecían a la escuela Adulam.
El desempeño de los deportistas fue sobresaliente. Toda la delegación conquistó medallas de oro, plata y bronce en diversas modalidades. Marco Andrés y Renata López obtuvieron medallas de bronce en sus participaciones individuales, pero el momento cumbre llegó al competir juntos en cata creativa por equipo. En esa modalidad, Renata, teniendo 10 años en ese momento, debió subir al nivel de la categoría de 14 años de su hermano, logrando juntos la medalla de oro panamericana.
El muro económico rumbo al mundial de Italia

Haber alcanzado el podio internacional les otorgó la clasificación directa al Mundial de la WAKO, programado para el mes de septiembre en Jesolo, una pequeña localidad costera ubicada en las afueras de Venecia, Italia. Allí se disputarán 10 días de competencia oficial ante los mejores exponentes del planeta.
Sin embargo, la barrera deportiva superada en el tatami ha dado paso a un reto económico apremiante. El costo estimado para financiar la participación de cada atleta oscila entre los 3500 y los 4500 dólares. Este monto cubre los boletos aéreos de ida y vuelta, el hospedaje durante 10 a 12 días, la alimentación diaria, los seguros de viaje y de salud, los uniformes oficiales de presentación, entreno y competencia, así como el pago individual por cada categoría en la que van a competir. Asimismo, se requiere financiar el traslado del equipo técnico y algunos padres de familia, indispensables al tratarse de atletas menores de edad.
Las familias y los entrenadores han impulsado campañas de financiamiento colectivo en plataformas en línea, búsqueda de patrocinios y gestiones institucionales, encontrando serias dificultades. Al tratarse de categorías infantiles y juveniles, muchas empresas privadas prefieren destinar sus presupuestos de mercadeo a atletas consolidados o a eventos masivos como el pasado mundial de fútbol. Hasta la fecha, los fondos recaudados de forma individual apenas cubren cerca del 16% de la meta.
Frente a este escenario, los 4 deportistas no pierden la fe y apelan a la solidaridad de quienes conozcan su historia. Como remarca Marco Andrés López, la ayuda de cada persona cuenta en esta carrera contra el reloj. "Todo apoyo suma por más mínimo que sea, cualquier apoyo económicamente con los entrenos, cualquier marca, todo suma", expresa el joven atleta.
El obstáculo final para llegar a Italia no se resolverá sobre el tatami con patadas o giros acrobáticos. Está en las manos de una comunidad dispuesta a hacer posible que 4 niños, su equipo técnico y sus familias puedan costear el viaje y llevar la bandera de su país al otro lado del mundo.






