Regresa la edición “Summer 2026” de El Salvador Fashion Week, uno de los eventos más esperados del calendario de la moda nacional. Explora qué hay detrás de la plataforma esta temporada y cuáles son sus principales novedades.
Una semana antes del ruido y de las luces, antes de que el evento tenga que sostenerse frente a los invitados, René Barrera habla distinto. Nos recibe en la agencia BYD en Galerías, uno de los principales patrocinadores esta temporada y donde se realizó el lanzamiento de esta temporada. No hay público. No hay prisa. Solo él, la cámara y esta conversación que ocurre en un espacio más cercano, casi doméstico dentro de la maquinaria de un evento que, cuando llega el día, rara vez permite ese tipo de pausas.
Ahí, sin la presión de la agenda, las ideas suenan a algo que todavía se está armando. “Estamos muy enfocados en dar a conocer el proyecto de moda salvadoreña sustentable… sobre todo en el Día de la Tierra”, dice Barrera. La decisión de llevar esta edición al Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán aparece como una extensión natural de esa intención. Según sus palabras, para "explorar nuestras raíces, el territorio, y el contexto".
Después, ya en el “Meet & Greet”, el tono cambia apenas. Hay más gente, más ojos, más expectativa. Pero la idea se mantiene. Barrera habla ante el público de sostenibilidad, de experimentación, de una plataforma que intenta moverse hacia otro lugar. “Reducir, reusar y reciclar… minimizar nuestra huella ambiental”, explica.
Una plataforma que insiste

Si algo ha acompañado a El Salvador Fashion Week (SVFW) en los últimos años es esa distancia entre lo que se dice y lo que termina ocurriendo en pasarela. Una distancia que no siempre es evidente en el momento, pero que se acumula con cada edición.
Barrera insiste en la palabra propuesta. “Una moda vanguardista, sustentable… completamente diferente a la que normalmente hay en la región”, explica. También habla de innovación, pero con una advertencia: “que vaya de la mano con una tendencia… porque muchas veces los diseñadores quisieran reinventar la rueda”. Hay ahí una línea fina entre arriesgar y contenerse, entre decir algo propio y no perder de vista a quién van dirigidas las colecciones.
Esa tensión no es nueva. Tampoco es exclusiva de este evento. Pero aquí se vuelve visible porque todo ocurre en un mismo espacio, en un mismo día, bajo una misma narrativa. La curaduría sigue esa lógica. Diseñadores que ya han pasado por la plataforma, nombres que regresan, otros que se suman. “Buscamos diseñadores ya establecidos… pero también estamos dando oportunidad a emergentes”, explica René. La mezcla intenta sostener un equilibrio que el evento ha buscado durante años. No romper con lo que ya existe, pero tampoco quedarse completamente ahí.
En ese punto, las voces de las diseñadoras comienzan a dibujar otras capas. Alexandra Quinteros habla de su colección como un proceso abierto. “Está floreciendo un jardín. Habrá colores pasteles, flores en bordado a mano”. La colección se llama Florencia. “Representa una oportunidad para volver a renacer con mi marca”, cuenta la diseñadora. Hay una idea de crecimiento que no necesita explicarse demasiado.

La diseñadora Daniela Quijada, en cambio, se detiene en la materia. “Tejidos, crochet, macramé, transparencias”, detalla. Cuando habla de su experiencia en la SVFW, lo nombra como lo que ha sido durante años, “una vitrina hacia afuera”. Un espacio que permite mostrarse, circular, existir frente a otros públicos.
Desde otra orilla, la reconocida Yenny Hernández codirectora creativa de Moskem plantea una colección que se construye en forma de recorrido. “Vamos a mostrar el proceso de la sastrería artesanal desde cero a traves de 21 looks”, explica la diseñadora. Su interés no está solo en el resultado, sino en el cómo. “Preservar y mantener la sastrería artesanal”, apunta.
Tres maneras de explorar el mismo evento. Tres formas de entender qué significa presentar una colección de moda en El Salvador Fashion Week. Mientras tanto, la plataforma intenta expandirse.
En esta edición no falta la gastronomía, el arte, y las nuevas alianzas. “La moda no solo es vestirse bonito”, dice Barrera. En su frase reconozco una búsqueda por sostener el interés, por construir una experiencia que no dependa únicamente de lo que ocurre en la pasarela.
¿Siguen vigentes las “fashion weeks”?

Cuando la conversación se mueve hacia el contexto global, la certeza se disipa ligeramente. “Es un dilema, no se sabe qué va a pasar”, dice sobre el formato fashion week. Habla de su experiencia en el BRICS+ Fashion Summit de Moscú y de las noticias sobre las “fashion week” en París y Nueva York. Ciudades que cambian, marcas que se retiran, plataformas que se transforman. No hay una dirección única. Las fashion week parecen encontrarse en un constante ensayo.
En medio de esa incertidumbre sobre el formato, El Salvador insiste. “Plata y fe”, responde cuando le pregunto qué hace falta para que el evento se convierta en un motor de negocios. Lo dice sin rodeos. Más adelante vuelve a lo mismo. Recursos para sostener, para crecer, para proyectar. Pero también menciona otra cosa: “hemos perdido esa línea que distingue la moda comercial de la moda con propuesta”. No lo desarrolla demasiado, pero la frase se queda conmigo.

Quizá porque no necesita hacerlo. Hay algo en esa idea que atraviesa todo lo demás. Las colecciones que buscan vender, las que intentan decir algo, las que se quedan a medio camino. El equilibrio que rara vez se logra del todo, sin embargo, los diseñadores siguen ahí.
Siguen apostando a una plataforma que, con todas sus tensiones, todavía representa una posibilidad. Un espacio donde mostrar, probar, insistir. Donde una colección puede ser más que una colección, o al menos intentar serlo.
¿Quiénes se presentan en esta edición?

La alineación de esta edición se mueve entre la continuidad y la incorporación puntual de nuevas voces. Regresan nombres que han construido su recorrido dentro de la SVFW, como Andrea Ayala, Geraldine García, Mónica Arguedas y Moskem, que sostiene la presencia de la moda masculina desde la sastrería, junto a propuestas que han ido tomando forma en los últimos años como Ila de Teresa Safie o Ischia de Miranda Miguel. Se suman también las “emergentes” Daniela Quijada y Alexandra Quinteros.
A esto se incorpora Estilo Quetzal, desde Guatemala, con una lectura de lo artesanal llevada a otro nivel de ejecución. No es una lista que busque romper con lo conocido, pero sí deja ver cómo conviven distintas formas de entender la moda local dentro de un mismo espacio.
El próximo jueves 16 de abril, el Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán va a recibir una nueva edición de El Salvador Fashion Week. Las entradas ya están disponibles a través del enlace oficial.






