Quedar fuera de SUMARTE abrió una serie de preguntas sobre cómo funciona la convocatoria, qué tipo de obra busca el MARTE y cuáles son las tensiones entre arte, mercado y legitimidad dentro de la escena artística salvadoreña.
Comencemos por definiciones, ¿qué es SUMARTE? Es un programa del Museo de arte de El Salvador (MARTE), con el fin de recaudar fondos para garantizar proyectos educativos, sociales y artísticos dentro de la institución. Consiste en la selección, exposición y subasta de artistas consagrados, artistas jóvenes y emergentes.
La selección de dichas obras está a cargo de un equipo de curadores internacionales, porque “otras miradas diferentes te aportan”, cuenta Jaime Izaguirre, curador del museo. Estos curadores escogen con base al vínculo, trayectoria, conocimientos y otros criterios que vamos a conocer más adelante.
Desde hace veintidós años, esta subasta ha representado una vía de entrada al MARTE, para artistas salvadoreños y desde hace poco, también para artistas centroamericanos, permitiendo además formar un mapeo del arte de la región y su evolución.

Aunque el número de obras varía en cada edición, las piezas aspirantes llegan a sumar más de 200. De estas, son de 35 a 40 las obras seleccionadas por el jurado que forman parte de la selección final. También hay piezas que entran por invitación, artistas que entran por trayectoria, y obras que se consideran “vendibles”. La muestra final ronda las 100 piezas. En formatos pintura, dibujo, escultura, cerámica y fotografía.
La convocatoria de este año se lanzó en redes sociales el pasado 17 de marzo, y la recepción de obras está programada para el 26 y 27 de mayo. La publicación está acompañada de una guía informativa, y de un link de acceso con las bases y toda la documentación requerida.
Aún así, hay claves en el proceso que no dependen del museo, ni del comité, sino de observaciones que vienen con la experiencia del artista, y que además, pueden revelarnos parte del estado del mercado del arte en El Salvador. Hablé con Jaime Izaguirre para conversar sobre la convocatoria SUMARTE, para saber no solo en qué consiste, sino para resolver las dudas que surgen en mí después de dos años de haber presentado obras y no haber sido seleccionada.
¿Por qué a la escena artística le interesa tanto SUMARTE?

Los matices profesionales y emocionales generados por la mera existencia de esta subasta son varios. Estos van desde la promoción del trabajo hasta los sentimientos que genera el rechazo. Lo institucional y lo personal.
El MARTE se perfila a nivel nacional como una de las entidades más importantes del arte. Podemos identificar al Museo Forma y la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué como similares en cuanto a objetivos. Todas ubicadas en San Salvador, lo cual es un indicador de lo centralizado de las artes en estos espacios institucionales. Exponer en cualquiera de estos museos representa para muchas personas, alcanzar una cúspide, por lo tanto esta subasta supone una entrada para quienes deseen aplicar.
Pero, ¿qué dicen los antecedentes sobre el rechazo en esta convocatoria? De esto hay anécdotas por todas las partes involucradas. Desde carros con llantas pinchadas como venganza a los curadores, hasta intenciones de crear un salón de los rechazados, como se hizo en 1863, para obras que no fueron aprobadas por el jurado para ser expuestas en el gran salón de París. Ha habido varios intentos de recrearlo, pero no hay registro, al menos no público, de que se haya llevado a cabo.
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De esto Izaguirre dice que “hay quienes no entran porque no caben, no porque no sean buenos”. Por esto, iniciativas como el salón de los rechazados significan un paso hacia la autonomía de los museos por parte de los artistas. En El Salvador, el SUMARTE es la única subasta de su tipo, y no depender de este único evento fomenta la creación de un mercado de arte.
La parte controversial viene si en esta convocatoria, como en cualquier otra exposición, existe trabajo que no quede. La situación se pudiera complejizar al ser rechazados dos veces. Pero no llevar a cabo estas iniciativas, va en detrimento del desarrollo de una escena del arte que necesita movimiento y organización. Siempre habrá quejas, ya sea en SUMARTE o en cualquier otro espacio de exposición.
¿Qué es lo que pide SUMARTE?

Este punto es quizás el más obvio para artistas experimentados, pero menos para quienes no son tan recurrentes del ruedo del arte. Se pide una pieza que tenga una “enorme carga decorativa, que sea un objeto de deseo que se consume”, cuenta Izaguirre. Es aquí donde hay dos hemisferios del arte que tienden a confundirse,las piezas para bienales y las piezas comerciales.
Las piezas para bienales buscan ser más conceptuales, con discursos políticos, académicos, emocionales. La experimentación y la reflexión son las claves. Por otro lado, las piezas para venta tienen la intención de ser consumidas por coleccionistas, para sus espacios personales con finalidad decorativa. SUMARTE pide lo segundo.
Hay quienes confunden estos términos. A mi me pasó, y es que en la Escuela de Artes no es algo que suela enseñarse, al menos aquí en El Salvador. Se habla de miedo a la competencia por algunos docentes, pero estos son los menos presentes en las exhibiciones, museos y galerías.

Son algunas de las carencias en el sistema de enseñanza, pero como entes creativos, tenemos el deber de buscar educarnos en ello. Comencé a hacer esta distinción cuando llevé una pieza a la convocatoria del 2024 y no quedé. Consulté con amistades y conocidos del mundo del arte para comprender en qué fallé, y es que a pesar de llevar una base sólida de investigación en mi obra, esta iniciativa apunta a lo decorativo, cosa que pasé por alto. Además, como dice Izaguirre, “la mayoría de veces nos rechazan, es lamentable y es parte del rubro”, y de la vida, agregaría yo.
En cuanto a la pieza, Izaguirre comenta que hay factores que suman, tanto en esta convocatoria como en cualquier otra. Menciona que hay factores como la coherencia, la sugerencia sin ser literal, que el racional haga eco con la obra, que sea poética, suman. Las metáforas visuales son bien vistas en el arte decorativo, pues no necesariamente apuntan a la complejización de la misma, sino al goce estético.
Hablemos de errores

Muy aparte del concepto y destreza, hay causas que podrían hacer la diferencia entre ser aceptados o no en el SUMARTE. Una vez más la falta de instrucciones en la educación formal puede ser la razón, pero aplicar a convocatorias o exposiciones exige un estándar que debería ser cumplido. Jaime Izaguirre dice que “una buena tela, un buen bastidor, que la pintura no esté fresca… no puede ser un objeto frágil, no porque no se pueda hacer como obra de arte, sino porque hay que entender el contexto de lo que buscaría un público comprador”, explica.
El cuidado de las piezas no es solo para darle un producto final en óptimas condiciones al coleccionista, es también para garantizar la seguridad de las demás dentro del museo. Obras con pintura aún fresca pueden manchar otras obras, esculturas o cerámicas que no sean sólidas pueden dañar otras piezas, bastidores con polillas representan un daño terrible, no solo para las piezas de SUMARTE, también para las piezas dentro del museo. Lo menciono, porque año con año, estos errores son más recurrentes de lo que debería.
¿Una carrera después SUMARTE?

Si bien ser seleccionados en la convocatoria o ser parte de colecciones privadas son aspiraciones de cualquier artista, esto no es sinónimo de legitimación ni de flujo de ventas. Hay artistas que viven de su obra y no participan, hay quienes han sido seleccionados pero no han vendido en la subasta, hay quienes han vendido en la subasta pero no han tenido ventas después de esta.
No hay una fórmula para la constancia en ventas, sobre todo en un país como El Salvador. Hablar de un mercado del arte, que es el que da sostenibilidad, es un tema escabroso, la perspectiva de Izaguirre es que más bien hay compradores y no un mercado articulado como tal, y debido a esto, “es imposible que absorban toda la producción”. Los coleccionistas no compran obras diariamente, esto sucede en momentos particulares, como la inauguración de la exposición de un artista (y aún así no es garantía de ventas totales), o SUMARTE.

¿Y la legitimidad? Para esto sí hay una fórmula, y es el trabajo constante. La legitimidad la otorga el público espectador. No se puede buscar ser parte del imaginario de arte colectivo si la obra es esporádica. Tiene que ser vista, hablada, discutida, desarrollada. Tiene que evolucionar y sobre todo, ser consumida por los sentidos de terceras personas, si lo que se busca es el reconocimiento. No es raro que en este punto, las instituciones pasen a segundo plano, es por ello que esta subasta y su rechazo no significan un fin del camino.
SUMARTE representa la aspiración de estar en un museo, y la gloria personal que viene con esto, pero la posibilidad del rechazo no va a desaparecer. Hay artistas que han sido seleccionados en años previos, pero que en otros no han sido parte de la muestra. Aunque la finalidad sea quedar y vender, hay otras recompensas como los aprendizajes o las redes de trabajo, y estas sí son para todos aquellos que apliquen. Entender qué mejorar en la obra, el salón de los rechazados y los contactos creados en el proceso, son hallazgos usuales en esta actividad. “A mi me interesa que haya más obra bien hecha y buena para que, ojalá, exista más gente interesada en comprar obra, y que eso motive más producción artística”, revela Izaguirre. Al final de esta nota sigo sin decidir si aplicar nuevamente o no.






