Además de sus viñedos y su escena gastronómica, el Valle de Guadalupe, en Baja California, México, ofrece otras formas de descubrir el paisaje. MIRA Earth Studios propone una estancia entre arquitectura de tierra, espacios privados y cocina con productos de la región.
El camino hacia MIRA Earth Studios atraviesa Rancho Sordo Mudo, en el kilómetro 75 de la carretera Ensenada-Tecate, en Baja California, sobre la costa del Pacífico mexicano. La ruta asciende por un terreno irregular, entre piedras de granito y vegetación nativa, hasta llegar a una pequeña colección de estudios que parece haber encontrado su lugar sin necesidad de alterar demasiado el paisaje. Los techos cubiertos de plantas prolongan visualmente la ladera y los muros tienen los mismos tonos terrosos del suelo. Desde ciertos ángulos, cuesta distinguir dónde termina la montaña y dónde empieza la arquitectura.
La primera impresión no depende de una fachada monumental ni de un acceso que anuncie su presencia. MIRA se descubre a medida que uno se acerca. Sus diez estudios independientes ocupan distintos niveles de un terreno rocoso, con vistas hacia los viñedos y las montañas del Valle de Guadalupe. La disposición responde a las pendientes y a las formaciones naturales del sitio, que se conservaron e incorporaron en diferentes puntos del proyecto. Algunas piedras forman parte de las terrazas y otros accesos se adaptaron a las condiciones del terreno.
La arquitectura estuvo a cargo de Juniette Bermúdez, en colaboración con un equipo local de construcción e ingeniería. La visión de sus fundadores, Nicolas y Hannah Kendall, también ha sido determinante para construir la identidad del lugar, donde la privacidad, los materiales de la región y una relación más cercana con el entorno definen la experiencia.

Los muros de tapial son una de las decisiones más visibles. Se elaboraron con tierra extraída durante las excavaciones del mismo terreno y compactada por capas dentro de moldes. Al observarlos de cerca, las franjas y variaciones de color revelan el proceso de construcción. No son superficies uniformes ni buscan ocultar su origen. La tierra conserva su textura y su presencia dentro de los espacios.
El espesor de estos muros también cumple una función práctica. Su masa térmica ayuda a moderar los cambios de temperatura entre el día y la noche, mientras que su densidad contribuye al aislamiento acústico. En los techos, las plantas nativas, cultivadas a partir de semillas recolectadas y propagadas en el rancho, prolongan la vegetación de la ladera sobre las construcciones. La arquitectura no desaparece por completo, pero evita competir con el paisaje.
Ese criterio se extiende al manejo del agua. MIRA incorpora un sistema de tratamiento que permite recuperar aguas grises y negras mediante procesos de filtración y desinfección para reutilizarlas en los inodoros, las cubiertas verdes y el riego de áreas ajardinadas. La sostenibilidad no queda reducida a una declaración de principios. También está en las decisiones que sostienen el funcionamiento cotidiano del hotel.
Un estudio para quedarse

La experiencia cambia al cruzar la puerta de uno de los estudios. La cama king parece suspendida sobre una plataforma de concreto pigmentado, frente a un ventanal de piso a techo que puede plegarse para integrar el interior con la terraza privada. La sala, el comedor y la pequeña cocina comparten un espacio de doble altura, acompañado por un sofá de líneas escultóricas, una mesa redonda de madera maciza y una iluminación indirecta que evita competir con la luz exterior.
La decoración recurre a una gama discreta de colores y texturas. Tierra, concreto, madera y tejidos ocupan el primer plano. El diseño no necesita acumular objetos para construir una atmósfera. La vista hace buena parte del trabajo y cambia con las horas, desde las primeras luces de la mañana hasta los tonos cálidos que aparecen sobre los cerros al final de la tarde.
Hay algo de refugio en esa combinación de materiales rústicos y comodidades contemporáneas. La sencillez no significa renunciar al confort. Cada estudio cuenta con terraza privada, jacuzzi, sauna infrarrojo y fogatero de gas. La tecnología también está presente, aunque integrada de manera discreta, con bocinas Sonos y un proyector que permite ver películas sin convertir una pantalla en el centro de la habitación.

La intimidad se construye con pequeños detalles. En la cocina hay un equipo para preparar café de especialidad y una selección de tés de hoja suelta. El café requiere moler el grano y preparar la extracción de forma manual, con un método como el V60. En lugar de resolverlo todo con una cápsula, el ritual invita a detenerse unos minutos y participar en la preparación de la primera bebida del día.
El desayuno puede llegar en una canasta con productos locales, pan recién hecho, fruta y otros ingredientes para preparar y servir en el estudio. Se puede llevar a la terraza, disponerlo sobre la mesa del comedor o disfrutarlo junto al ventanal abierto. La diferencia está en que no hay que ajustarse al ritmo de un restaurante para comenzar la mañana.
La propuesta continúa en el minibar, que incluye vinos de la región, cervezas, bebidas sin alcohol y cócteles preparados. También hay pizzas de estilo Baja-polítan de Tanto Santo, pensadas para terminar de cocinarse en la habitación. Son alternativas para quienes prefieren prolongar la estancia dentro del estudio, sin convertir cada comida en una salida.
La tarde transcurre junto a la piscina

Poolside ocupa otro punto de la propiedad. La piscina infinita se integra en la pendiente y aprovecha las formaciones de granito que atraviesan el terreno. Las pérgolas de madera y los camastros organizan las áreas de descanso, mientras que el paisaje de viñedos y montañas permanece abierto frente al agua. En el interior, una sala reúne libros de arte y arquitectura, un espacio que prolonga el carácter contemplativo del proyecto.
La cocina y el bar de Poolside ofrecen una manera más informal de acercarse a los sabores de Baja California. La carta incluye productos del Pacífico y preparaciones que combinan frescura, acidez y picante. Entre las opciones que más destacan están las tostadas de camarón a la parrilla con salsa macha y aguacate; los aguachiles amarillos con pesca del día, habanero y maracuyá; y las ostras y almejas frescas servidas sobre hielo con ponzu casero.
La barra acompaña la propuesta con spritzes preparados a partir de vermuts y mezclas de la casa. El Valle combina vin d’baies y limoncello casero, mientras que el Solana reúne vin d’orange con un aperitivo de naranja. Son bebidas pensadas para acompañar una comida junto a la piscina sin desplazar el protagonismo de los ingredientes.

La experiencia tiene una relación directa con el paisaje. La piedra que aparece en el borde de la piscina es la misma que estructura la ladera. Los muros de tierra siguen presentes a pocos pasos y los viñedos ocupan el horizonte. No hace falta llenar el espacio de referencias al Valle para reconocer dónde se está. La geografía ya forma parte del lugar.
MIRA también tiene un atelier con piezas hechas a mano, textiles de fibras naturales, artículos de cuero, ropa, objetos decorativos y antigüedades. La selección reúne el trabajo de artesanos y creativos de Baja California y otras regiones de México. Es una extensión de la atención que el proyecto presta a los materiales y a los objetos que acompañan la vida diaria.
El último tramo del día

Al regresar al estudio, la terraza ofrece otra manera de ocupar el tiempo. El jacuzzi y el sauna infrarrojo permiten hacer una pausa antes de la cena, mientras la fogata añade un punto de reunión al espacio exterior. El descenso de la luz cambia la apariencia de la montaña y de los viñedos, que dejan de distinguirse con la misma claridad a medida que cae la tarde.
La propuesta de MIRA está pensada para que no sea necesario salir de la propiedad a cada momento. Se puede alternar entre la terraza, la piscina, el estudio y los espacios de comida sin perder la conexión visual con el terreno. Esa privacidad es parte de su atractivo, sobre todo para quienes buscan una estancia en la que los planes no tengan que ocupar cada hora.
La noche puede terminar junto al fuego, con el kit para preparar s’mores que se incluye en la habitación, o continuar en MIRA Fireside, el restaurante ubicado en el punto más alto de la propiedad. La subida conduce a un espacio donde el fuego y la cocina toman el relevo de la arquitectura y las vistas.
Fireside, una cocina ligada a Baja California

Fireside está dirigido por los chefs José Luis Hinostroza y Tomás Gastélum, quienes trabajan una propuesta de “Baja comfort food” centrada en ingredientes locales y de temporada. La carta cambia dos veces al año, en función de las estaciones cálidas y frías del Valle, y combina producto regional con técnicas desarrolladas a lo largo de sus trayectorias profesionales.
Hinostroza se formó en cocinas como Alinea, Maaemo, El Celler de Can Roca y Noma. Después de participar en el proyecto de Noma México, se estableció en Tulum, donde cofundó ARCA, un restaurante reconocido por su cocina al fuego. Gastélum, originario de Mexicali, desarrolló buena parte de su experiencia en restaurantes del Valle de Guadalupe, como Malva y Animalón, antes de trabajar junto a Hinostroza en ARCA y realizar una estancia en Noma, en Copenhague.
En Fireside, esa experiencia se orienta hacia una cocina que reconoce el producto de Baja California y la temporalidad como puntos de partida. Los pescados del Pacífico, los vegetales orgánicos del Valle y las preparaciones al fuego forman parte de la propuesta. La carta no permanece fija durante todo el año, una decisión que permite acompañar los cambios de temporada en lugar de tratarlos como un detalle secundario.

La barra suma vermuts caseros, spritzes y una selección de vinos de pequeños productores locales. La relación entre cocina y territorio se extiende así más allá del plato, con bebidas que incorporan ingredientes y preparaciones de la región.
Fireside completa el recorrido por MIRA porque reúne varios de los principios que atraviesan el proyecto. El uso de materiales cercanos al paisaje encuentra un paralelo en una cocina que parte de los productos de Baja California. La atención a los detalles de los estudios continúa en una propuesta gastronómica que cambia con las estaciones.
MIRA Earth Studios forma parte de Design Hotels y figura en las selecciones de la Guía Michelin 2026 tanto en su apartado de hoteles como en el de restaurantes. Esos reconocimientos amplían su proyección, pero la identidad del lugar se entiende mejor al observar cómo funciona en lo cotidiano. La tierra no es solo el material de sus muros. Las piedras no son únicamente un recurso visual. La privacidad no depende de aislarse por completo, sino de tener espacios para elegir cuándo salir y cuándo quedarse.







