Los creativos salvadoreños presentaron un performance efímero sobre las piñatas, la fotografía analógica y los archivos familiares como parte de la Semana de las Ideas 2026, organizada por la Alianza Francesa.
Un sándwich de piñata puede traer de vuelta los recuerdos de una tarde entera. Eso ocurrió en "Ya queremos pastel", un performance efímero creado por Paula Rivera y Walu Hernández, en donde los dulces y la horchata fueron la excusa para mirar fotografías análogas de celebraciones familiares. En este ejercicio colectivo, incluso sin conocer a las personas retratadas, sus fiestas resultan familiares.
Lo que alguna vez fue un recuerdo privado abre ahora una conversación sobre cómo celebramos y qué conservamos de esos encuentros. El performance fue parte de la Semana de las Ideas 2026, organizada por la Alianza Francesa, la Embajada de Francia, con el apoyo del Instituto Francés de París.
La instalación se presentó el pasado 24 de septiembre en Casa Marianne. En el centro, una mesa reunió elementos reconocibles de las fiestas infantiles salvadoreñas. Bolsitas, sorpresas, dulces, Frutsi y pastel Lido. Los sándwiches de piñata y la horchata completaron una escena capaz de despertar recuerdos a través del sabor y la nostalgia.

La experiencia se amplió con una exposición de fotografías del archivo familiar de diferentes artistas y creativos locales, entre ellos Meme Flores, Roberto Anaya, Marta Torres y Gabriela Rivera. Las imágenes de infancia permitieron buscar coincidencias con las celebraciones propias, reconocer objetos y detenerse en detalles que quizá habían pasado inadvertidos en su momento. La nostalgia fue una de las primeras formas de acercarse a estos recuerdos impresos.
La muestra se completó con un fanzine con algunas reflexiones sobre aquellas celebraciones de nuestra infancia. El ejercicio artístico planteó una pregunta importante, ¿qué pueden decirnos esas fiestas sobre la época y la sociedad en que ocurrieron? "Necesitamos la fiesta para poder convivir, para poder conocer a otras personas, para crear vínculos", compartió Sergio Alfaro, director cultural de la Alianza Francesa de San Salvador.
Para él, reflexionar sobre la celebración adquiere especial sentido en momentos de crisis, tristeza e incluso frente a la guerra y la muerte. Reunirse permite sostener vínculos y reconocer la presencia de los demás en medio de circunstancias difíciles.

Desde esa perspectiva, celebrar que tenemos el privilegio de celebrar supone prestar atención a algo que suele darse por sentado. La posibilidad de compartir una mesa y dedicar tiempo a quienes apreciamos. El performance a cargo de Rivera y Hernández ofreció una pausa, un espacio para encontrarnos aun cuando las preocupaciones siguen ahí.
Alfaro también señaló que las formas de festejar revelan diferencias entre los grupos que componen una sociedad. "La fiesta puede decir cuál es nuestro origen socioeconómico, cuál es nuestra visión del mundo", explicó. Los lugares, las costumbres y los objetos que acompañan una celebración ofrecen pistas sobre quienes participan en ella y sobre las condiciones en que se reúnen.
Las pistas siguen estando en las fotografías aunque la muestra haya terminado. Rivera propuso observar la ropa, los objetos del fondo, los colores e incluso las características del rollo utilizado. Lo que rodea a las personas retratadas ayuda a reconstruir el contexto de la imagen. A esa lectura se sumaron las conversaciones con quienes asistieron a la exposición, sus anécdotas pueden conectar la historia familiar con los acontecimientos de una época.

Rivera y Hernández creen que una fotografía puede conservar su valor íntimo y al mismo tiempo contribuir a la memoria colectiva. El cumpleaños de una persona también puede contar cómo se decoraban las casas, qué se consumía o qué rituales se repetían entre generaciones.
La fotografía también guarda la tensión de conservar la imagen de un momento que ya pasó. Rivera relaciona el carácter analógico del archivo con una manera de fotografiar menos inmediata o masiva, en la que “una fotografía era un momento especial, un momento particular”. El performance permitió volver a esas imágenes, permite reconocer quiénes fuimos y advertir cuánto se ha cambiado desde entonces.
Vista desde el presente, esta reflexión lleva a preguntarse qué hacemos con las fotografías después de tomarlas. Las celebraciones circulan hoy entre pantallas y publicaciones que desaparecen en 24 horas. Las imágenes digitales también pueden convertirse en archivo.






