Timothée Chalamet convierte el ego en deporte en Marty Supreme

Josh Safdie dirige a Timothée Chalamet en Marty Supreme, la producción más cara en la historia de A24. La película sigue el ascenso y la caída de un campeón de ping pong cuyo ego parece crecer más rápido que su talento.

¿Han escuchado la frase “fake it till you make it”? Esa que usamos para describir a alguien que aparenta confianza y seguridad cuando en realidad no las tiene, pero que gracias a esa actuación termina alcanzando la meta que se propuso. Después de ver esta película, creo que no es una exageración: realmente puede funcionar.

En 2025, los hermanos Safdie emprendieron caminos distintos con dos propuestas individuales: Marty Supreme, de Josh Safdie, y The Smashing Machine, de Ben Safdie. Considerando que Ronald Bronstein coescribió el guion de la cinta de Josh, es evidente que su toque narrativo le habría venido bien a la obra de Ben, quien asumió la escritura en solitario.

Puede ser una opinión impopular, pero me parece que esta producción está siendo muy beneficiada por el marketing, más que por su calidad. No es una mala película; es muy entretenida y dinámica. Sin embargo, no me parece una obra como para hablar de ella como la mejor película del año.

Gwyneth Paltrow aparece en Marty Supreme en un papel que aporta brillo y tensión al mundo del ambicioso campeón interpretado por Timothée Chalamet. Fotos: Marty Supreme.

Marty Supreme, ambientada en los años cincuenta, nos presenta el ascenso y descenso de Marty Mauser, un prometedor jugador de tenis de mesa dispuesto a todo para demostrar que es el mejor en este deporte. El personaje está inspirado en Martin Reisman, campeón estadounidense de tenis de mesa en 1958 y 1960.

Timothée Chalamet interpreta a Marty, un soñador egocéntrico, engreído y bastante patán que tiene el don de ser muy bueno jugando ping pong. Lo que realmente le da poder es que él lo sabe y se encarga de recordárselo al mundo constantemente. Me gustó mucho su trabajo. En general, disfruto este tipo de protagonistas pensados como una especie de antihéroes, personajes que claramente no son un ejemplo a seguir.

El personaje recuerda un poco al Jordan Belfort de The Wolf of Wall Street, aunque Safdie no lleva esa energía al mismo nivel de exceso y descontrol que logró Martin Scorsese.

El resto del elenco también está muy bien. Destaca especialmente Gwyneth Paltrow, a quien estoy tan acostumbrado a ver en Marvel que ya era necesario verla nuevamente en un papel que le permita demostrar su talento. Como dato curioso, aparece Kevin O’Leary (uno de los inversionistas de Shark Tank USA) con un pequeño papel interpretando al millonario Milton Rockwell, quien demuestra que las raquetas de ping pong no solo sirven para golpear pelotas de plástico.

El caos provocado por las malas decisiones del protagonista, sumado al ritmo acelerado que propone la película, genera la sensación de estar viendo una sucesión de cortos protagonizados por el mismo Marty. Con uno que incluso parece pertenecer a la historia de otro personaje. Aquí es importante destacar el trabajo en la sala de montaje, clave para conseguir ese ritmo frenético que hace que sus casi dos horas y media de duración no se sientan pesadas.

Marty Supreme es además la película más cara de la productora y distribuidora A24, con un presupuesto de 65 millones de dólares. Esto resulta llamativo, ya que el estudio se ha caracterizado por producir películas de gran calidad con presupuestos más modestos. Y aunque esta es su apuesta más arriesgada a nivel económico, el resultado me parece simplemente correcto. Está bien, pero no mucho más.

Josh Safdie dirige Marty Supreme, la producción más ambiciosa de A24, una historia donde la ambición y el ego pesan tanto como el talento. Foto: Marty Supreme.

Aun así, resulta divertido seguir a este personaje que tiene muy clara su meta y que hará lo que sea necesario para alcanzarla: estrategias cuestionables, artimañas, métodos poco éticos o incluso rompiendo alguno de los diez mandamientos si es necesario. Todo esto termina funcionando como una ilustración bastante clara de la famosa frase “el fin justifica los medios”, atribuida erróneamente a Maquiavelo.

A pocos días de celebrarse una nueva edición de los Premios Oscar, muchos dan por ganador a Chalamet por su nominación en la categoría de mejor actor. Es una de las categorías más reñidas de los últimos años, por lo que no apostaría mi dinero por él, aunque reconozco que podría terminar llevándose la estatuilla.

Entre esta película y One Battle After Another muchos ven la pelea por el Oscar a mejor película. Personalmente no lo veo así. Me parece superior el trabajo de Paul Thomas Anderson. Por la misma razón, tampoco creo que Josh Safdie tenga muchas posibilidades de ganar en la categoría de mejor director.

En cuanto a las categorías técnicas en las que está nominada, la única por la que realmente apostaría sería mejor montaje. Su buen ritmo es resultado directo de un sólido trabajo de edición. En el resto (mejor fotografía, mejor diseño de vestuario, mejor diseño de producción y mejor casting) sus posibilidades me parecen bastante bajas.

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