Quinta Esencia Studio lleva el diseño artesanal salvadoreño a Alemania

María José Irula y Fernando Giha, fundadores de Quinta Esencia Studio, llevan su trabajo desde El Salvador hasta Leipzig, Alemania, donde participan en una exposición dedicada a las artes aplicadas de América Latina.

En Concepción Quezaltepeque, en la zona baja de Chalatenango, el sonido del telar no marca una jornada laboral. Aquí, en el taller de la familia Hernández, el ritmo no depende del reloj sino del cuerpo y del hilo. Ese ritmo se ha sostenido por más de cuatro generaciones, pasando de mano en mano con naturalidad. 

Desde ese lugar trabaja Quinta Esencia Studio, un estudio de diseño salvadoreño fundado por María José Irula y Fernando Giha. La dupla ha entendido el diseño como un proceso compartido más que como una firma individual. Por eso, cuando su trabajo fue requerido para aparecer en la muestra “El alma de los objetos. Artes aplicadas de América Latina”, la lectura no se queda en el objeto exhibido. Hay un esfuerzo artesanal detrás que insiste en hacerse visible.

El origen de la invitación
María José Irula (izq.) junto a dos mujeres de la familia Hernández en su casa taller en Concepción Quezaltepeque, Chalatenango, donde el oficio del tejido se sostiene a través de generaciones. Foto: Paula Rivera.

La exposición abre el próximo 7 de mayo en el GRASSI Museum of Applied Arts de Leipzig, Alemania, y reúne más de 200 obras de 56 artistas, diseñadores y artesanos de 13 países de Latinoamérica. Se trata de una mirada amplia sobre las artes aplicadas latinoamericanas, con atención en los materiales, las técnicas y los contextos sociales y políticos que atraviesan cada pieza. En ese recorrido conviven objetos rituales, textiles, mobiliario y objetos de uso cotidiano que cargan historias largas, algunas que se remontan a mediados del siglo XX, otras más recientes, pero igual de ancladas en sus territorios.

En ese conjunto, El Salvador será representado a través de Quinta Esencia Studio. “Llegamos a esta exposición a través de una conexión que se fue construyendo con el tiempo”, explican Irula y Giha. El vínculo comenzó durante la pandemia, en un seminario impartido por la curadora Luján Cambariere, y se fue extendiendo en conversaciones a lo largo de estos años. “Esta invitación no se siente como un momento aislado, sino como el resultado de una conversación que lleva años gestándose”, cuentan.

Esa idea de proceso también atraviesa la forma en que entienden su trabajo. Cuando recibieron la invitación, lo primero que apareció no fue la urgencia de definir qué pieza enviar, sino una conciencia más amplia sobre lo que implicaba ese traslado. “Sentimos que estábamos llevando una especie de cápsula de lo que hemos construido en los últimos años”, dicen. En esa cápsula entran los materiales, los tiempos, las dinámicas de trabajo con comunidades artesanales, las historias que se van tejiendo en cada objeto y las manos que participan en su construcción.

La hamaca, otra lectura
Una integrante de la familia Hernández teje una hamaca en el piso de su casa, en un proceso donde el trabajo de las mujeres sostiene y da continuidad a este oficio artesanal. Foto: Paula Rivera.

La pieza que presentarán en Leipzig forma parte de la serie “Naturaleza Liminal”. Son hamacas tejidas en algodón en el mismo taller de Concepción Quezaltepeque, intervenidas con más de 300 flores y plantas hechas en crochet. El punto de partida es un objeto profundamente cotidiano en El Salvador, pero en este caso se desplaza hacia otra dimensión. También la entienden como “un objeto situado entre estados, entre cielo y tierra, entre vigilia y sueño”, explican los diseñadores.

“El trabajo no cambia”, agregan. “Los materiales, los tiempos y los procesos siguen siendo los mismos, porque nacen de un contexto muy específico que no buscamos alterar”. La transformación ocurre en otro nivel. En Leipzig, esa hamaca se encuentra con un público que no necesariamente comparte su uso ni su cercanía cotidiana. “Nos interesa cómo un objeto tan cotidiano para nosotros puede, en otro contexto, volverse casi un umbral para contar una historia más amplia”, apuntan.

La exposición plantea, entre otras cosas, una revisión de lo que se entiende por diseño en América Latina. Durante mucho tiempo, la producción artesanal fue vista como algo atrasado frente a los modelos industriales. Hoy esa lectura empieza a cambiar. La muestra recoge prácticas que parten de la relación con el territorio, el uso consciente de los materiales y la colaboración con comunidades. No como tendencia, sino como una forma de trabajo que ha estado ahí desde hace tiempo.

La escena latinoamericana en conjunto
Hamaca de la serie "Naturaleza Liminal", desarrollada por Quinta Esencia Studio junto a la familia Hernández. “Un objeto situado entre estados, entre cielo y tierra, entre vigilia y sueño”. Foto: Quinta Esencia Studio.

En esta muestra participan proyectos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, además de El Salvador. Entre ellos aparecen nombres como Maydi, Rerere, Siwok, Artesol, Yankatú, Alta Estudio, Hechizoo, Olga Fisch, Caralarga, Estudio Fábrica, entre otros. Cada uno con aproximaciones distintas, pero con un punto en común, el vínculo entre diseño y oficio.

Para Quinta Esencia, ser parte de este grupo también implica asumir una forma de representación. “Sí sentimos que estamos representando el talento salvadoreño y la impresionante labor artesanal que existe en el país”, dicen. Al mismo tiempo, entienden esa presencia como una oportunidad para ampliar la conversación sobre lo que se está produciendo desde El Salvador y desde la región.

Piezas de Alta Estudio (Colombia), parte de la muestra "El alma de los objetos. Artes aplicadas de América Latina", que reúne propuestas de diseño y oficio de toda la región en Alemania. Foto: Cortesía GRASSI Museum of Applied Arts.

Hay decisiones que acompañan ese traslado. Mantener los tiempos del tejido, trabajar con los mismos materiales, no desvincular el objeto de su origen. “No separar el objeto de su origen” es una de las ideas que repiten. En esa insistencia hay una forma de sostener la coherencia del proceso, incluso cuando el contexto cambia por completo.

La hamaca que llega a Leipzig no empieza directamente en el museo. Empieza en un taller donde el hilo se tensa con paciencia y donde el tiempo tiene otra medida. Una en la que el objeto se encuentra con nuevas miradas, pero sigue cargando todo lo que trae desde su lugar de origen.

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