Se Regalan Dudas regresa a El Salvador en una noche de confesiones colectivas

Lety Sahagún y Ashley Frangie llegaron al Teatro Presidente con “Se puso rara la vida”, la nueva gira de Se Regalan Dudas por Latinoamérica, y terminaron escuchando a cientos de salvadoreñas hablar sobre los mitos del amor, el dinero, el sexo, el cuerpo y la adultez.

A las 7:30 de la noche todavía había gente entrando al Teatro Presidente. Una chica cruzó las filas con algunos regalos en la mano mientras alguien le hacía señas desde abajo. Había grupos tomándose fotos frente al escenario vacío, señoras revisando el número de asiento desde el teléfono y amigas hablando rapidísimo, para ponerse al día antes de que apagaran las luces. El teatro se sentía lleno de ruido, de expectativa y de una energía colectiva que iba creciendo mientras más personas seguían entrando.

“Tengo 4 años de escuchar este podcast, las expectativas de este evento son grandes. Ver esta comunidad de chicas me alegra un montón. Yo traje hasta donde anotar porque sé que va a ser súper rico todo lo que nos van a regalar estas chicas”, dijo Maya Molina antes de entrar.

Natalia Aguilar y Raquel Cañas abrieron la noche recordando por qué The Wellness Era apostó por traer “Se puso rara la vida” a El Salvador, para crear un espacio donde hablar de adultez, cansancio y vínculos no se sintiera raro ni aislado. Foto: Mediana.

“Realmente espero conocer un poco más de Lety y Ashley, ellas me han inspirado un montón en el tema de conocerse a una misma, en establecer relaciones de amistad, trabajar en nuestra salud mental, quiero salir inspirada y obtener más herramientas para seguir creciendo. Yo las empecé a escuchar por primera vez en 2020”, contó Claribel Dimas en el lobby del teatro.

Cuando Lety Sahagún apareció sobre el escenario soltó rápido una frase que ayudó a romper el hielo: “¡Se le puso yuca la vida a El Salvador!”. Las risas llegaron de inmediato. A su lado, Ashley Frangie saludaba mientras caminaba entre el escenario. Esta es la segunda visita de Se Regalan Dudas al país gracias a The Wellness Era, esta vez con “Se puso rara la vida”, una gira que la dupla mexicana está llevando por distintos países de Latinoamérica.

Los mitos de la vida adulta
La dinámica de “mitos y realidades” rompió rápido la distancia entre escenario y público. Bastó una pregunta sobre adultez para que empezaran las historias sobre dinero, ansiedad, relaciones y expectativas incumplidas. Foto: Mediana.

En una dinámica para medir la edad de la audiencia, pidieron levantar la mano a quienes tenían menos de 22 años. Fueron pocas. La mayoría del teatro estaba compuesto por mujeres adultas. Algunas estaban ahí con amigas de más de 40 años, otras parecían haber hecho amistad mientras esperaban afuera para entrar. Eso también se sentía en el ambiente. Nadie parecía estar ahí solamente para escuchar un podcast en vivo. Había algo más cercano a una necesidad de encontrarse con otras personas atravesando preguntas parecidas.

Lety llevó el hilo del show desde el escenario dibujando sobre una pizarra blanca mientras hablaba. Ashley bajó hacia el público con el micrófono en la mano, abrazando asistentes, escuchando historias, caminando entre las filas como si estuviera dentro de una plática entre amigas y no en un teatro lleno.

El teatro reaccionaba junto. Había gente grabando videos, moviendo la cabeza para afirmar o rechazar algo, soltando un “sí” bajito desde la butaca cuando alguien hablaba de dinero, sexo, amor o lo difícil que se vuelve la adultez. Cientos de personas parecían reaccionar exactamente igual al mismo tiempo. Como una especie de reflejo colectivo alrededor de cosas que normalmente se conversan en voz baja.

Entonces empezó la dinámica de “mitos y realidades”. “Hay muchas formas de ser adultas”, dijo Lety. A partir de ahí empezaron los testimonios. Algunas asistentes agarraron el micrófono en un tono pausado, como si estuvieran pensando cada palabra antes de decirla frente a cientos de personas. Otras agarraban el micrófono y empezaban a hablar rapidísimo, parecía que llevaban un rato esperando sacar algo del pecho. Había nervios, risas, silencios cómplices. Como dice la gente en internet, “mis traumas, mis chistes”. Varias mujeres se reían mientras contaban cosas durísimas.

Andrea Tobar y Alejandra Díaz llegaron juntas al show de Se Regalan Dudas. “Vengo con mi mejor amiga, con quien se nos ha puesto rara la vida demasiadas veces”, dijo Andrea antes de entrar al teatro. Foto: Mediana.

El primer bloque giró alrededor de la vida adulta. “Uno de los mitos fue que yo quería tener un año sabático, trabajar un año y luego renunciar para viajar. Pero no fue así”, dijo una asistente desde la parte alta del teatro. “Cuando yo me graduara pensé que iba a hacer la CEO directamente, que iba a empezar desde arriba y claramente no fue así”, contó alguien más entre las filas del centro.

“El mito más grande ha sido que yo creía que al cumplir 18 años con mi trabajo yo iba a lograr que mi mamá dejara de trabajar, creí que iba a ser la máster en belleza, pero no fue así. Ahora tengo 3 trabajos, 1 emprendimiento y descubrí que el dinero no era la solución”, dijo una joven iluminada por el reflector que alcanzaba su asiento.

Ashley seguía cerca de cada una de estas mujeres. Las reacciones del público eran inmediatas. Aplausos largos y fuertes. Gente diciendo “sí”. Amigas agarrándose el brazo mientras alguien hablaba de cansancio, deudas o frustración.

También pesaba escuchar cómo los sueños se contradecían entre sí. Una mujer hablaba sobre no haber podido construir la vida que imaginó y, minutos después, otra describía exactamente esa vida como algo que sí había conseguido. El teatro respondía igual para ambas.

Mientras escuchaba esos testimonios era imposible no pensar en algo incómodo: varias historias tenían menos que ver con falta de esfuerzo y más con la ausencia sistemática de oportunidades. Muchas de las asistentes no hablaban de flojera ni de falta de ganas. Hablaban de sobrevivir. Trabajar, medio dormir, pagar cuentas y repetir la rutina otra vez.

Los mitos sobre el cuerpo 
Mientras Lety sostenía el ritmo del show desde el escenario, Ashley Frangie caminaba entre las filas del Teatro Presidente escuchando historias, repartiendo abrazos y acercando el micrófono a quienes se animaban a hablar. Foto: Mediana.

Después vino el tema del cuerpo. “Antes la influencia estaba por las imágenes que aparecían en las revistas ahora son los filtros los que modifican. Yo recortaba las revistas y los cuerpos de las modelos con las partes del cuerpo que quería tener”, dijo Lety Sahagún desde el escenario.

Ashley tomó el micrófono después. “Desde que era chica siempre he tenido un cuerpo grande, creí que era una sentencia absoluta sobre mí. Creía que si nacía con un cuerpo gordo iba a cargar con una cruz toda la vida. Qué los cuerpos gordos no podían disfrutar el placer y creí que si un día me llegaba a poner un bikini, iba a llegar un señor a decirme que no podía estar en bikini, dijo. La gente empezó a aplaudir antes de que terminara.

“Yo tenía una lucha todo el tiempo en la escuela porque siempre he sido una chica de busto grande para que no me vieran, luché por mucho tiempo con eso. Siempre he lidiado con mi cuerpo”, dijo alguien desde el otro lado del teatro.

“Yo creí que tenía que sobrecompensar por ser gordita, que no merecía ser amada, así que tenía que compensar con ser chistosa, amable”, contó una asistente con la voz quebrada. “Me identifico con ustedes. Eso me llevó a perder muchas amistades”, dijo otra mujer mientras el público volvía a aplaudir. “Saber que no soy la única, ver que hay más pasando por eso me hace sentir querida”, soltó alguien más en una esquina.

Luego llegaron los testimonios sobre dinero y trabajo

“Uno de los mitos con los que crecí es que el dinero era felicidad y no es cierto”, dijo una asistente mientras varias personas asentían alrededor. “Yo pensaba que las chicas no éramos buenas para los negocios y para el dinero, pero poco a poco me di cuenta que sí, puede tomar un tiempo pero sí es posible”, compartió otra mujer desde la parte izquierda del teatro.

Ashley contó que creció pensando que nunca tendría que preocuparse por administrar dinero o hacer presupuestos. Lety recordó una carta escrita en el colegio donde imaginaba que a los 35 años ya estaría retirada, llena de dinero y con un portafolio de inversiones.

En este punto apareció uno de los momentos más inesperados de la noche. Lety mencionó el Bitcoin. “No”, respondió el teatro casi al unísono. “Nadie lo usa”, se escuchó por ahí. Las risas recorrieron el lugar completo. Incluso ellas se rieron sorprendidas.

Después llegaron los temas sobre matrimonio y familia

“Uno de los mitos que tenía era que iba a tener a mis hijos rápido, pero ahora le estoy preguntando si realmente quiero tener hijos o no”, dijo alguien desde las últimas filas. “Me decían que la familia solo era un esposo e hijos, y que hasta ahí llegaba pero en realidad uno puede poner la familia en sus amigos”, comentó otra asistente mientras varias mujeres aplaudían fuerte.

“Yo pensaba que tener familia, aunque fuera un vínculo malo, tóxico y violento, había que mantenerla, y nunca me enseñaron a salir de ese vínculo”, dijo alguien con una voz tan baja que el teatro completo guardó silencio para escucharla.

La conversación sobre amistades cambió un poco el ritmo

“Se puso yuca la vida”, dijo Lety Sahagún apenas arrancó el show. La frase sacó carcajadas inmediatas y terminó marcando el tono local de la gira latinoamericana en San Salvador. Foto: Mediana.

“A mi me enseñaron que la amistad de los hombres era más leal que las de las mujeres y aquí estoy con mi amiga de más de 40 años”, dijo una señora señalando hacia la butaca de al lado. “El mito con el que yo crecí es que las amistades de pequeña iban a ser mis amigas para toda la vida, pero ahora se han ido del país, se han mudado y la distancia ha hecho difícil mantener esas amistades”, contó otra asistente.

Luego vino el amor

“Si nos crió Televisa, la música o Hollywood eso explica mucho de lo que nos ha pasado hoy a todos. Siempre creí que mi historia de amor iba a ser tan fuerte e intensa como para vendérsela a Netflix”, dijo Lety.

“Crecí creyendo que si me amaba iba a cambiar, pero no fue así. La gente no cambia por amor”, dijo alguien desde la fila del centro. “Creía que si no dolía no era amor y que si no había celos no era amor”, contó una mujer mientras varias personas levantaban las manos en señal de acuerdo.

“Pensaba que en el amor uno tenía que hacer de todo para ser amada, ser la más deportista, la más divertida pero uno también puede tener criterio para elegir ser amada”, dijo otra asistente. Cada vez que aparecían historias sobre malos amores, novios infieles o relaciones agotadoras, el aplauso volvía a recorrer el teatro entero.

El último gran bloque fue sobre sexo

Varias asistentes se reían antes de hablar. Otras bajaban la voz aunque tenían micrófono. “Yo pensaba que las mujeres no podía disfrutar el sexo, que era un placer solo para los hombres. Que solo podías hacerlo con tu esposo o te ibas al infierno”, dijo una mujer desde la primera planta.

“Uno de los mitos con los que yo crecí es que la masturbación era del diablo”, contó otra mientras algunas amigas se agarraban la cara entre nervios y risas. “Mi mamá me dijo que si una vez me entregaba sexualmente no iba a valer nada, que mi valor iba a ser como el de una fruta podrida, lloré por semanas luego de mi primera vez”, dijo una asistente iluminada por la luz del escenario. “Crecí creyendo que no podías hablar de sexualidad, que ese era un tema reservado para los casados", compartió una voz más.

Los 10 mandamiento de Lety y Ashley
Después de casi dos horas de testimonios, Lety y Ashley cerraron la noche con sus “10 mandamientos para ser feliz como adulta”. Una lista sobre cambiar de opinión, cuidar amistades, dejar de compararse y entender que crecer rara vez se parece a lo que imaginábamos. Foto: Mediana.

Después de casi dos horas de testimonios, Ashley volvió al escenario para acompañar a Lety en la lectura de los “10 mandamientos para ser feliz como adulta”. Hablaron de perderle miedo a crecer, de dejar de compararse, de cuidar las amistades, de cambiar cuantas veces sea necesario, de construir otras formas de familia y de entender que el éxito no siempre se parece a lo que nos enseñaron.

El teatro seguía reaccionando igual que al inicio. Aplausos. Risas. Algunas lágrimas, y algunas mujeres que se fueron antes de llegar a este punto. Más tarde coincidí otra vez con Maya Molina en la fila de asientos. Su libreta seguía cerrada sobre sus piernas. Nunca tomó una sola nota.

No items found.