Wonders Kids Club, fundado por Rocío Brito y Sergio Delgado, es el tercer espacio que las familias en San Salvador no tenían. Un lugar donde los niños desde los 9 meses hasta los 10 años juegan y los adultos pueden simplemente estar.
Rocío Brito y Sergio Delgado no son educadores ni psicólogos infantiles. Ella es licenciada en negocios internacionales y trabaja en asuntos regulatorios. Él es ingeniero industrial especializado en protección y prevención de incendios. Wonders Kids Club, el espacio de juego y encuentro familiar que acaban de abrir en centro comercial La Joya, nació de otra cosa, de ser papás y no encontrar dónde llevar a su hija Emma Sofía, de tres años.
"Estábamos aquí buscando un lugar donde llevar a nuestra hija. La llevamos a un lugar que tenía un espacio bastante reducido. Nos topamos con otros papás y fue así como: ‘aquí no hay dónde llevarlos’, ¿verdad?", recuerda Sergio. "No, realmente tenés razón. Y ya, de ahí saltó la idea”, confiesa.

Llevan cerca de tres años construyendo el proyecto. La premisa que los guió desde el principio era una transformación del modelo que ya existe. "Normalmente encontramos espacios de adultos adaptados para niños. En nuestro caso, quisimos hacerlo al revés, un espacio para niños adaptado para que los adultos lo accedan”, explica la pareja.
El resultado es un local donde cada esquina está pensada para una franja de edad distinta. Wonders Kids Club atiende a niños desde los nueve meses hasta los diez años, y cada zona tiene juguetes y estímulos calibrados para distintos momentos del desarrollo. La otra prioridad era la seguridad. Sergio, con formación en seguridad industrial, supervisó los detalles eléctricos y estructurales. "Los papás pueden estar confiados", dice. La primera testeadora fue Emma Sofía. "Lo más difícil fue sacarla”, cuenta Rocío.

Además del área de juego, el espacio tiene una snack bar y WiFi disponible para padres que trabajan de forma remota. El modelo de acceso funciona por reserva de tiempo, desde media hora hasta un day pass, lo que lo convierte en una opción tanto para una salida rápida entre semana como para una tarde entera el fin de semana. El horario es de lunes a viernes de 12 del mediodía a 7 de la noche, y sábados y domingos de 10 de la mañana a 6 de la tarde.
Dentro del espacio también van a funcionar talleres para niños y padres. Rocío los describe como instancias para "desarrollar el vínculo, desarrollar la movilidad de los niños, o incluso esos temas que uno como papá necesita aprender ya sea primeros auxilios, o qué hacer en caso de un incendio”. También está previsto el alquiler del espacio completo para cumpleaños privados y bautizos.

El público que imaginaron cuando diseñaron Wonders no es uno solo. Son los papás que quieren "crear conexiones con sus hijos, vivir momentos que van a quedar para la memoria de toda la vida de un niño". Son también los que trabajan remoto y necesitan un lugar donde sus hijos estén entretenidos mientras ellos tienen una llamada. Son las amigas que se juntan con sus hijos pequeños para que los niños jueguen y los adultos puedan conversar.
Rocío habla de los recuerdos que le dejó El Mundo Feliz como referencia de lo que quiere que Wonders produzca. "En mis memorias han quedado muchos momentos que viví ahí junto a mi familia. Eso sirve como inspiración, más que nada lo que queda en uno como niño de vivir momentos en la infancia”, cuenta.

Wonders es también, en parte, un proyecto familiar. Los fundadores contaron que aprovecharon la red que tenían cerca. Hermanos con estudios en mercadeo, primos maestros, familia con formación en distintas áreas. "Hemos exprimido por todos lados la información para poder crear el espacio que queríamos", dice Sergio.
La visión a largo plazo es salir de un solo local. La intención es "llevar este espacio, crear esta comunidad a lo largo de San Salvador y de todo el país para que las familias tengan a su disposición lugares como este”, apunta la pareja.
Ninguno de los dos tenía esto en el horizonte antes de que su hija Emma llegara. "Teníamos cada uno nuestras carreras, cada quien visualizando su vida", dice Sergio. "Sale como un sentimiento de papá de querer tener un espacio seguro. Uno como papá a veces se preocupa mucho: se va a subir ahí y qué va a hacer”, explica Rocío.
La preocupación de un papá se convirtió en un proyecto. Tres años después, Emma Sofía fue la primera en probarlo.






