El nuevo lounge de Licores de Guatemala propone una experiencia que combina diseño, gastronomía a la carta y coctelería en un espacio pensado para hacer más llevadera la espera antes de abordar.
Casa del Ron abrió sus puertas en el Aeropuerto Internacional de El Salvador, frente a la puerta 14, como el primer lounge de este formato que Licores de Guatemala instala fuera de su país de origen. Ubicado dentro de una de las zonas de mayor tránsito de la terminal, el espacio introduce una propuesta que combina diseño, gastronomía y coctelería en un entorno pensado para hacer más llevadera la espera antes de abordar.
Al cruzar la puerta, la mirada se acomoda primero al ambiente. Tonos tierra, luz cálida, materiales que absorben el ruido. Entonces aparece la barra. Un semicírculo de mármol con vetas ámbar y marrón que se iluminan desde adentro, como si la piedra respirara. Es ahí donde todo empieza a tomar forma.
Donde la espera cambia de ritmo

La propuesta responde a una estrategia más amplia de Licores de Guatemala, el grupo detrás del proyecto. La apertura en El Salvador representa su primera incursión con este formato fuera de su país de origen. “Es un hito muy importante porque representa uno de nuestros primeros pasos para sacar este modelo de servicio a países internacionales y sobre todo, importante en El Salvador, donde es un hub para el área centroamericana”, explica Luis Ibáñez, gerente general de Licores de Guatemala.
El aeropuerto no es una elección casual. Se trata de un punto de tránsito con un flujo creciente de pasajeros, lo que lo convierte en un espacio clave para posicionar la marca en un contexto internacional. Pero más allá de la ubicación, la apuesta está en el tipo de experiencia que se construye dentro del lounge.
“Este es un lounge que difiere mucho de los lounges tradicionales, es una propuesta premium, es un servicio de altísima calidad”, dice Ibáñez. La diferencia, según plantea, está en el nivel de atención y en la calidad de la oferta. “Trabajamos con el servicio de un chef ‘The 50 Best’ de Latinoamérica como parte de la propuesta de comida, y las bebidas y servicio son altamente diferenciados”, agrega.
Una apuesta por el servicio y el detalle

Esa diferenciación se hace visible en la forma en que se presenta la comida. A diferencia de otras salas donde predominan las opciones listas para servir, aquí hay un menú a la carta que se prepara en el momento. El servicio es a la mesa. No hay bandejas expuestas ni estaciones de autoservicio.
“Una característica diferenciadora es que la mayoría de lounges ofrecen barras de comida fría o recalentada. Y nosotros no, nosotros ofrecemos un menú cocinado en el momento”, señala Michelle Muñoz, directora de negocios en crecimiento para Licores de Guatemala y Casa del Ron. Esa decisión redefine la lógica del consumo dentro del espacio. Obliga a bajar el ritmo, a sentarse, a esperar un plato que se prepara en ese instante.
La propuesta se completa con una selección de bebidas que incluye las marcas insignia del grupo, como Ron Zacapa y Ron Botran, además de vinos, whiskies, tequilas y opciones no alcohólicas. El enfoque no es únicamente mostrar el portafolio, sino integrarlo a una experiencia más amplia.
“Aquí los pasajeros van a poder disfrutar de una experiencia personalizada y premium”, explica Muñoz. “Pueden ordenar un plato a la carta, tener un servicio personalizado a la mesa y maridar estos alimentos con bebidas alcohólicas y no alcohólicas de la más alta calidad”, enfatiza.

El acceso al lounge está pensado para distintos perfiles de usuario. Por un lado, quienes cuentan con tarjetas de socios comerciales pueden ingresar con beneficios incluidos. Por otro, existe la opción de adquirir un day pass por $45 dólares, que contempla un plato del menú, bebidas no alcohólicas ilimitadas y tres bebidas alcohólicas de alta gama.
Más allá de la oferta, hay decisiones operativas que refuerzan la experiencia. El lounge está abierto todos los días, desde las 3 de la mañana hasta las 9:30 de la noche, cubriendo así buena parte del flujo de vuelos del aeropuerto. Además, incorpora elementos funcionales como una pantalla con información de salidas, lo que permite a los pasajeros mantenerse informados sin abandonar el espacio.
El contexto en el que se inserta también es relevante. El Aeropuerto de El Salvador ha registrado un crecimiento sostenido en los últimos años. “Tiene un crecimiento anual sostenido entre un 5% y un 10%”, señala Muñoz. Para el grupo, esto representa una oportunidad clara de conectar con un público en tránsito, que busca opciones más cuidadas durante su espera.
Pero el proyecto no se limita a una estrategia comercial. También hay una narrativa de identidad que atraviesa el espacio. “Todo esto nos hace sentir el orgullo de ser centroamericanos”, dice Muñoz. Esa idea se traduce en una propuesta que, sin ser explícita, incorpora elementos que remiten a la región, tanto en lo visual como en la experiencia general.
De Guatemala al mundo

Valerie Mansilla, miembro de la junta directiva de Licores de Guatemala, lo plantea desde una perspectiva más amplia. “Es un hito de una empresa que nació en Guatemala, pero que realmente es centroamericana y ha traspasado fronteras con sus marcas”, apunta. En ese sentido, la apertura en El Salvador marca una expansión geográfica, pero también una forma de posicionar la marca desde una identidad compartida.
Casa del Ron se integra así a una tendencia más amplia dentro de los aeropuertos internacionales, de espacios que dejan de ser únicamente funcionales para convertirse en puntos de experiencia. La propuesta del grupo apuesta por un modelo donde el servicio, la gastronomía y el entorno trabajan en conjunto. No para para ofrecer una forma distinta de atravesar la experiencia de viajar.


















