Boxful se perfila como una de las startups a seguir en 2026. En esta conversación, Salvador Ramírez, su cofundador y CEO, repasa sus inicios con Get My Food, los retos del crecimiento y la expansión de la compañía hacia México.

Hay marcas que uno usa durante años sin preguntarse quién está detrás. A mediados de 2015, pedir comida a domicilio era casi siempre lo mismo, y Get My Food apareció ahí, como una solución práctica para resolver la noche. En ese momento pocos pensábamos en logística, ni en plataformas, ni en modelos de negocio. Mucho menos en la persona que había creado todo eso.
Por eso, sentarme hoy a conversar con Salvador Ramírez, el fundador de aquel servicio y ahora CEO de Boxful, no se siente como una entrevista más, sino como la oportunidad de entender qué tipo de recorrido hay detrás de alguien que ha pasado de resolver pedidos de comida a pensar en infraestructura para el comercio electrónico regional.
Nuestra conversación ocurre en las nuevas oficinas de Boxful, en San Salvador. Un espacio abierto, luminoso, ruidoso en el buen sentido. Allí está el equipo de mercadeo, atención al cliente y desarrollo trabajando al mismo tiempo. Al centro hay una oficina pequeña, cerrada por paredes de vidrio. Desde ahí, Salvador Ramírez ve todo. Y todos lo ven a él.
Detrás de su escritorio hay una librera bastante nutrida, con libros de negocios, de estrategia y también de ficción. Recorro los lomos con la mirada y hay uno que se me queda fijo, Guerrilla Marketing. Se lo menciono y sonríe. “Ah, bueno, sí conociste a Get My Food”, dice, y desde ahí empieza a tirar del hilo.
Emprender es ensayo y error

Cuenta que, cuando el presupuesto era corto, encontraron la forma de llegar a residenciales privadas a través del recibo de la luz. “Le pagábamos a una empresa para que con el recibo te dejaran nuestro librito… fue como cuatro centavos por revista”. Era marketing para empresas pequeñas, para momentos donde no había margen para equivocarse demasiado. Ese libro no está ahí por nostalgia. Está ahí porque explica bastante bien cómo piensa.
Salvador dice que vende desde los siete años. Alquilaba portaminas, hacía libretas a mano, las ofrecía a sus compañeros. Creció en Sonsonate, estudió en la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN). Intentó varios negocios, volvió a casa de sus papás, se desesperó. Probó el camino corporativo en una multinacional y duró poco. “Cada día lo que pensaba era qué es lo mínimo que tengo que hacer para que no me despidan", cuenta. Ahí entendió que eso no era una carrera, era un callejón.
Get My Food nació de una observación sencilla. Estaba en reuniones constantes y siempre había la misma comida. Pizza y pollo. “Había un montón de restaurantes buenos y nadie los usaba”, explica. Arrancaron con ahorros, tarjetas de crédito topadas y un modelo que al inicio era más call center que app. Creció. Se expandió a Nicaragua y Guatemala. Llegó a facturar cinco millones de dólares anuales, con más de 250 restaurantes y 100 drivers en la región.
También cometió errores. Muchos. El principal fue tercerizar el desarrollo tecnológico. “Fue un gran error… perdimos un montón de dinero y tiempo”, recuerda. Cuando lanzaron la app, no funcionaba. Y mientras corregían, entraron Uber Eats, Glovo y Hugo. El golpe fue conjunto. En 2021, vendieron Get My Food.
La pandemia como laboratorio

Entre una empresa y otra hubo una más. Drones agrícolas. Texas. Joint ventures. Crecimiento rápido. Pandemia. Venta de acciones. Otra buena salida. Y una decisión que se repite como idea central en su historia, el no rendirse. “Nunca ha sido aspiracional para mí ir a trabajar a Estados Unidos”, dice. “Siempre he creído que se pueden hacer grandes cosas desde El Salvador”, confiesa.
Boxful aparece durante la pandemia, en un hotel del centro de San Salvador, con 30 días de encierro. Salvador empieza a vender bocinas Bluetooth por Facebook Marketplace. No tenía inventario. Vendía primero, compraba después, entregaba el mismo día gracias a la red de drivers de Get My Food. En seis meses vendieron medio millón de dólares.
Ahí aparecen tres hallazgos clave. Primero, que la gente quiere comprar conversando, no llenando formularios. Segundo, que quiere pagar en efectivo al recibir. Tercero, que la logística puede ser una ventaja competitiva real.
Boxful empieza como fulfillment. Almacenamiento, preparación, envíos. Pero algo no cuadra con las pymes y emprendedores pequeños. No tienen inventario estable. Venden para volver a comprar. Entonces el modelo cambia.
Salvador construye un prototipo con una herramienta de encuestas de 100 dólares. Él mismo crea las guías, una por una, entrando manualmente a las plataformas de las paqueteras. Se las manda a los clientes por WhatsApp. “La gente creía que era una beta, pero en realidad era yo”, explica.
En semanas ya procesaban 300 guías semanales. Cuando sus socios técnicos regresan de Europa, ven tracción. En tres meses desarrollan la primera versión real de la plataforma de Boxful.
El crecimiento como consecuencia

Desde agosto de 2023, Boxful crece un 7% semanal en envíos procesados. Opera en cuatro mercados. Supera los ocho millones de dólares en ventas anuales. Cada seis meses, duplica volumen, según palabras de su propio CEO.
La propuesta es simple de explicar y difícil de ejecutar. Una plataforma donde cualquier persona puede hacer envíos en todo el país, comparar paqueteras, cobrar en efectivo o con tarjeta, sin contratos largos ni fricción inicial. “Es tan fácil como abrir una cuenta en Facebook”, agrega Salvador.
El 98% de sus clientes son pymes o emprendedores individuales. El 74% son liderazgos de mujeres. Para muchos, es su principal ingreso. Para otros, el complemento que hace la diferencia. Boxful no se queda solo en logística. Ofrece crédito de capital de trabajo, enlaces de pago, dropshipping. Quita obstáculos uno por uno.
Salvador no se define como el que apaga incendios, aunque los apagó todos al inicio. Hoy se ve más como estratega. Piensa metas a cinco años. Levanta capital. Reasigna recursos donde se necesitan. Atención al cliente, por ejemplo, es el departamento más grande. “Todos los días hay problemas y la gente viene a nosotros buscando soluciones”, explica.
Orden sin matar velocidad

Hay cosas que no negocia. El trabajo es presencial. “La cultura no se construye llamando por teléfono”, dice. El trabajo requiere fricción real, feedback inmediato, ver los problemas de cerca.
Cuando habla de expansión, no romantiza. Boxful abrió Guatemala y Costa Rica. Este año va por Nicaragua, República Dominicana y México. México no es solo un mercado más. Es un mensaje de fortaleza. “Muy pocas empresas centroamericanas han salido de Centroamérica”, cuenta Salvador. Entrar ahí es demostrar que sí se puede.
La meta es clara y a veces incómoda. Ser el primer unicornio nacido en Centroamérica. Mil millones de dólares de valuación. “Me gusta porque es blanco o negro”, dice. Sabe que suena grande. Sabe que muchos se ríen. Pero también sabe lo que implica lograrlo. Representa miles de clientes con mejores herramientas, cientos de empleos jóvenes bien pagados, capital extranjero apostando por la región.
Salvador cree que nunca se deja de ser una startup. No tiene que ver con el tamaño de la empresa, sino con la actitud con la que se toman decisiones. No ve la inversión o el gasto como algo que deba paralizar decisiones, pero tampoco como un juego. La mentalidad startup, para él, es saber cuándo arriesgar y cuándo contenerse. Cree en poner contrapesos. ERP y CFO regional, orden sin matar velocidad. Boxful apunta a rentabilidad en su tercer año. Disciplina operativa, no crecimiento ciego.
Las decisiones que ya están en marcha

Sobre el ecosistema de startups en El Salvador, no exagera. Dice que está mejor que en 2013. Ahora hay fondos, comunidades, colaboración real. “Si sos una startup aislada, sos solo una compañía en el desierto”, cree.
Salvador ayuda a quien le escribe. Da mentorías. Recuerda que a él le hubiera servido una llamada o un café. Lo que le quita el sueño no es pagar planilla, como antes. Es llegar a la meta. Es el peso de saber que no hay manual para lo que sigue. “Siempre hay síndrome del impostor”, dice. Pero también cree que se combate trabajando.
Si Boxful no existiera, volvería a la agricultura. Tecnología y campo. Un problema que nadie está mirando lo suficiente. Antes de cerrar, lanza una invitación. Boxful busca talento. Gente ambiciosa. Con ganas de aprender. “Las habilidades se aprenden. La ambición, no”, cierra.
A lo largo de nuestra conversación, Salvador Ramírez no habla de Boxful como un caso de éxito cerrado. Habla de una empresa que todavía se está ajustando mientras crece, que aprende sobre la marcha y que toma decisiones con intuición y datos, como ocurre en cualquier operación real. Su mirada está puesta en construir una estructura que soporte expansión regional sin perder capacidad de respuesta en lo cotidiano. En ese equilibrio entre orden y movimiento se juega, hoy, la visión con la que Boxful se proyecta dentro del ecosistema de startups de la región.






