Con 16 nominaciones al Oscar 2026, Sinners se impone como un fenómeno inesperado que mezcla terror, blues y alegoría racial, aunque su ambición podría jugarle en contra en la noche final.
No sé si les pasó a ustedes, pero en mis redes sociales (el nuevo boca a boca) dio vueltas una escena en particular de esta película. Una muy similar a la escena de “la pinche vulva” de Emilia Pérez, solo que en esta ocasión la involucrada fue Hailee Steinfeld. ¿Y saben qué? Este tipo de frases, con acento sureño, tienen un impacto mucho mejor que con el español de Selena Gomez.
Y entre los blockbusters del 2025 se coló una de terror, llena de sangre, gore, sexo y vampiros. ¡Ah!, y con 16 nominaciones a los premios Oscar 2026. Todo gracias a Ryan Coogler, director y guionista de esta película, que como en toda su filmografía mantiene presente el componente racial y su herencia, sin que esto se sienta como una propaganda o protesta. Black Panther, su obra más comercial, es un claro ejemplo de que este director cuenta con la facilidad de plantear, de manera natural, estos puntos en todas sus producciones. En Sinners los expone con un mensaje adicional, que muchas veces los monstruos tienen rostros humanos.
Sinners es una mezcla de drama, violencia y comedia, a la vez que juega con elementos del western y de musicales, siendo la música clave en toda la película. Por momentos, podemos notar referencias a Vampires del maestro John Carpenter y a From Dusk Till Dawn de Robert Rodriguez. De hecho, sigue la estructura de esta última, incluso vemos detalles del cine de explotación de Rodriguez.

La historia nos traslada a los años 30 de Estados Unidos. Dos hermanos gemelos quieren montar un club donde la población afroamericana pueda reunirse a disfrutar en un espacio seguro, con buena cerveza, mucho blues, un par de blancos asiáticos, y si la ocasión se presenta, uno que otro encuentro carnal. Hasta aquí la primera mitad. En la segunda mitad cae del cielo (literalmente) el elemento sobrenatural de la película en forma de un vampiro europeo, que representa al hombre blanco opresor, dando inicio a un conflicto entre raza negra contra inmigrantes irlandeses.
La primera parte puede parecer lenta, pues se toma su tiempo para construir todo el escenario en el que se desarrollará la segunda parte. Ambas mitades se sienten muy diferentes. Ese giro no me desagradó, pero entiendo que puede resultar abrumante sentir que iniciamos con una película y terminamos con otra. Además, hay muchos hilos narrativos enredados en menos de tres horas, que por momentos, pueden generar en el espectador la sensación de una ligera desconexión.
Como ya es habitual, Coogler vuelve a trabajar con Michael B. Jordan, y esta vez por partida doble (gracias a una mezcla de efectos especiales, algunos prácticos, muchas cámaras y un poco de IA). Como siempre, este actor no decepciona. El resto del elenco, tanto principal como secundario, también realiza un trabajo destacable. Me gustó mucho la actuación de Miles Caton, quien interpreta al Preacherboy, quien ejemplifica que ante la adversidad, cualquier instrumento de cuerda es mejor que cualquier fusible.

El apartado técnico es sobresaliente. Destacan la banda sonora, el diseño de producción y el vestuario. Las escenas donde vemos canciones siendo interpretadas son un perfecto ejemplo de ello. De hecho, hay una secuencia donde vemos el blues trascender a través del tiempo, que solo podría definirla como pura riqueza audiovisual.
Tuve sentimientos encontrados con el juego de las escenas post-créditos. No me gustó ese detalle tan Marvel, pero siendo Coogler el director de las dos películas de Black Panther, no me sorprende. Dicho esto, me gustó mucho la post-crédito principal (¡de casi 5 minutos!). Le da un cierre a la película que no vi venir, y eso se agradece. Y teniendo presente la fórmula Marvel, espero no esté presente en la mente del director una nueva entrega de este universo. Me parece que sería uno de esos casos, que abundan en el cine actual, en donde una secuela, precuela, recuela, y todo lo que se cuela terminaría arruinando el legado de la original.
Espero que esta historia termine así, con esas post-créditos que dejan claro dos cosas. La primera es que el alma de Sinners es el blues, un género que se originó en las comunidades afroamericanas marcadas por la pobreza y la opresión, para luego convertirse en un símbolo de rebelión. Y la segunda es que el blues es identidad, es herencia, es resistencia, es dolor transformado en arte; el blues es supervivencia.

Ahora, lo que todos quieren saber, ¿qué posibilidades tiene Sinners luego de convertirse en la película más nominada en la historia de los premios Oscar?. Esas 16 nominaciones no significan que vaya a ganar el Oscar a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor de Reparto, Mejor Actriz de Reparto o Mejor Actor Protagonista, que son las categorías más importantes a las que fue nominada. No me gusta ser tan pesimista, pero creo que sus posibilidades están en ganar las categorías a Mejor Guión Original y Mejor Casting. Quizás se cuele alguna estatuilla en uno de los apartados técnicos, pero personalmente no lo veo.
¿Por qué me parece que será la gran perdedora el domingo 15 de marzo? Porque creo que Sinners, siendo infinitamente superior y con tres nominaciones más, terminará ganando la misma cantidad de premios Oscar que Emilia Pérez. O hasta menos.






