San Martín recibe enero con su tradicional rosca de Reyes y sabores de temporada

Enero llega con pan recién hecho y sabores que ya son conocidos. San Martín presenta su tradicional rosca de Reyes junto a otras propuestas pensadas para esta temporada.

La rosca de Reyes acompaña el inicio del año. Aparece cuando el ruido baja y la casa recupera su ritmo. Se cuela despacio en la casa, entre tazas de café, agendas nuevas y una mesa que todavía conserva algo del diciembre que se fue. En San Martín, ese ritmo se vuelve pan.

La rosca de Reyes que cada año sale de sus hornos es un pan semidulce que no busca deslumbrar con excesos. Parte de una base conocida y confiable. Lo que la vuelve particular está en los detalles que se reconocen al primer corte. Los dulces típicos de higo, camote, papaya, piña y chilacayote le dan vida a este pan. Ingredientes que han pasado por cocinas familiares, ferias y mesas largas.

Cada fruta confitada tiene su lugar. El higo aporta una dulzura más profunda, casi terrosa. El camote sostiene la miga con su textura densa. La papaya y la piña dejan notas más brillantes, mientras el chilacayote aparece con esa dulzura discreta que no invade. Estos sabores ayudan a contar de dónde viene este pan y por qué sigue regresando cada enero.

Grande para compartir o mini para una mesa más pequeña. La rosca de Reyes suma una versión rellena con crema Bavaria que se integra al pan con naturalidad. Foto: Mediana.

Para quienes buscan una variación, San Martín ofrece la rosca rellena con crema Bavaria. El relleno acompaña la esencia del pan. Se integra al corte y al bocado sin imponerse. Es una versión que dialoga con quienes crecieron con la rosca tradicional y con quienes buscan algo distinto sin romper el ritual.

Ambas opciones están disponibles en presentación grande y mini. La grande invita a la reunión, al cuchillo que pasa de mano en mano, a la expectativa de encontrar la figura. La mini permite llevar la tradición a otras escalas, a una mesa más pequeña, un regalo, una pausa en medio del día. La tradición se adapta.

Junto a la rosca llegan las galletas de mantequilla decoradas con figuras de los Reyes Magos, el pesebre y estrellas. Son galletas que apelan a la vista antes que al bocado rápido. La mantequilla se logra identificar en el aroma y en la textura, sin necesidad de explicaciones. Las figuras funcionan como un puente entre generaciones, como una forma sencilla de contar una historia que se repite cada año con nuevas voces alrededor de la mesa.

Galletas decoradas de Reyes Magos y pesebre. Figuras conocidas, trazos simples. Las galletas repiten una historia que no necesita contarse completa para seguir circulando. Foto: Mediana.

Hablar de la rosca de Reyes también lleva a pensar en el valor de las tradiciones dentro de la comida cotidiana, entendidas como algo vivo. Cada generación la recibe y la transforma un poco, a veces cambiando el relleno, a veces el tamaño, a veces el momento en que se comparte. La intención se mantiene, el contexto se mueve.

San Martín entiende esa lógica. Por eso su propuesta no busca reinventar la rosca, sino sostenerla con respeto y técnica. Mantener los sabores que muchos reconocen y, al mismo tiempo, abrir espacio para nuevas formas de disfrutarla. En esa tensión se construye una tradición que no se queda atrás.

La rosca de Reyes y las galletas de temporada están disponibles en todas las sucursales San Martín de El Salvador. Llegan puntuales, como cada enero, recordando que hay rituales que siguen teniendo sentido cuando se viven desde la mesa, desde el pan que se parte y se comparte.

La rosca grande se ha vuelto un punto de encuentro. En los últimos años, compartirla se ha extendido más allá del ámbito familiar y ocupa mesas de trabajo, reuniones y celebraciones colectivas. Foto: Mediana.

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