La salvadoreña Gabriela Novoa presenta su primera exposición individual en Ciudad de México

Gabriela Novoa presenta en Ciudad de México su primera exposición individual, una obra sobre espiritualidad, memoria y el derecho a soñar que amplía su universo creativo desde la pintura, el bordado y la escritura.

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Gabriela Novoa es una artista multidisciplinaria, también es una de las figuras en el firmamento artístico salvadoreño con mayor movimiento. Seguirle la pista requiere cierta inquietud, así como ella misma se define. Hoy puede estar planeando su próxima obra, mañana estará en una reunión con cineastas en Guatemala, otro día estará produciendo material para las organizaciones con las que trabaja. Esa misma inquietud fue también una razón para detenerme a conversar con Gabriela y tratar de entender qué hay detrás de la artista que conocemos, aprovechando que celebra su primera exposición individual en Ciudad de México.

Pintora, dibujante, cineasta, a veces también dulcera y bordadora, Gabriela estudió artes en la Universidad de El Salvador. Desde sus días como estudiante, su estilo y sus temas de interés ya guardaban relación con los que atraviesan su trabajo actual, donde la flora, los cuerpos feminizados, el deseo y la violencia, son el eje central de su obra. De esto doy fé, porque aunque no compartimos aulas de clases, sus trabajos como alumna auguraban un prolífico camino artístico.

De vuelta al presente. El pasado 30 de mayo de 2026 Gabriela inauguró su muestra "Germino, gemimos, germinamos" en Casa del Lago, en la Ciudad de México. Este espacio promueve el trabajo de artistas jóvenes de Centroamérica. La muestra fue curada por Eva Posas, mexicana que reside en los Países Bajos. El primer contacto entre ambas surgió durante una residencia artística en el 2025 del Getty Institute, al cual acudía Gabriela en Ciudad de México. 

La muestra está conformada por pinturas y bordados, y está acompañada por el libro de ficción especulativa "La defensa de la comunidad del compost". Aunque es una extensión de los temas ya conocidos de Gabriela, se agregan a su universo creativo dos nuevas facetas, la espiritualidad y la ficción.

La espiritualidad en el arte y en la memoria histórica
Inspirada por el concepto nahua del tunal, la fuerza vital que nos otorga la capacidad de soñar, esta serie explora la sanación y la resistencia espiritual frente a la opresión histórica del territorio salvadoreño. Foto: Daniela Uribe / Mediana.

No es que Gabriela haya comenzado a manifestar este lado místico con esta muestra. Ella misma afirma que desde muy joven, la búsqueda de esta espiritualidad ha sido un asunto de interés. Dice que se "sentía vacía, un poco huérfana", así comenzó a buscar su "espiritualidad a través de varias cosas". El arte ha sido el tótem con el cual ella logra materializarla. Aún así, su forma de verla es un mosaico que se ha nutrido desde hace un tiempo con un concepto ancestral importantísimo, el tunal.

Tunal es un concepto nahua, asociado con la fuerza vital, la energía que nos brinda la oportunidad de soñar. Gabriela cuenta cómo "al perderlo se cae en depresión", pero que "hay ejercicios para poder llamar al tunal". En un acto de sanación mediante el arte, Gabriela presenta en una serie de pinturas y bordados, su propuesta exploratoria en esta búsqueda de su cosmovisión, de sus sueños, del tunal.

En nuestra plática también cuenta cómo "el arte ha sido ese espacio de espiritualidad", pero también el saber que su espiritualidad es "originaria de mi territorio, fue arrebatada a mis abuelas, a mi familia, con la masacre indígena". Para quien no tenga el tema en su radar, históricamente las poblaciones indígenas de El Salvador han buscado ser silenciadas y aniquiladas, hasta el punto del casi borramiento. Persisten y resisten en los márgenes. A diferencia de nuestra vecina Guatemala, las expresiones culturales indígenas en El Salvador pasan desapercibidas a ojos de quien no haya crecido en estas poblaciones, o de quienes por su pie las buscan. Es por ello que no es raro que haya artistas salvadoreños como Gaby, que proponen puentes de conexión con lo ancestral, con los pueblos originarios. Afirma que habla desde lo híbrido de su identidad, porque "no podría asegurar que no soy indígena, porque un poco hay en mi y desde ese vacío y carencia me sitúo".

El material oral ha sido una de sus fuentes principales de investigación. Se ha apoyado de entrevistas a mujeres indígenas para cimentar las bases de su entendimiento del tunal. Todo desde el respeto, porque como ella misma dice, no tiene "la propiedad de hablarlo tal cual, no soy indígena", así que su papel es más de aprendiz de saberes transmitidos por las mismas indígenas.

La flora, maestra
A través de pinturas y delicados bordados de especies locales como el frijol gandul, la artista salvadoreña conecta el arte y la naturaleza como refugios de sanación intergeneracional. Foto: Daniela Uribe / Mediana.

Las flores han sido el vehículo conductor de mensajes de Gabriela desde hace varios años. Hay que observar esto con detenimiento y con una mirada externa, las flores que utiliza como modelos pertenecen al ecosistema de la región. Por lo tanto, las decisiones sobre sus modelos tienen que ver no solo con la belleza con la que Gabriela observa, sino también con la forma en que parecemos ser, en ocasiones, extensiones de las mismas.

Un ejemplo de esto es el frijol gandul, especie de leguminosa cultivada en El Salvador. Tiene la bondad de mejorar el suelo y controlar la erosión. Esta capacidad de sanación es la que Gabriela pintó y bordó para la muestra, utilizando los colores y la figura de dicha planta. Un espacio donde la fotosíntesis y la espiritualidad a través del tunal, crean un ensayo visual poético.

Vinda, la abuela de Gabriela, fue la chispa que prendió el fuego de la imaginación y la ficción en su infancia. Cuenta que en la medida que iba perdiendo la vista, uno de sus recursos de integración con la familia, tuvo forma en el juego de roles donde inventaba historias. Gabriela guarda con especial cariño estos momentos, que fueron en gran medida el terreno fértil para su obra de ficción especulativa.

Esta faceta se materializa en su libro llamado "La defensa de la comunidad del compost", donde Gaby juega con la ficción y el humor, "me gusta mucho la sátira y la risa". Presentó el libro en La Fabrika el pasado 25 de julio, con un grupo íntimo de amigos y colegas que seguimos de cerca su trabajo. Hizo mucho énfasis en que "las diversas violencias nos han despojado de la capacidad de soñar", lo que me recuerda, para bien o para mal, la relación de esta frase con lo escrito por Orwell en su libro 1984.

Lo poético, la comunidad y el derecho a soñar
Esta primera muestra individual de Gabriela Novoa entrelaza profundamente la memoria histórica salvadoreña y la ficción especulativa, reivindicando que el acto de soñar es político y colectivo, un refugio esencial para resistir ante la opresión. Foto: Daniela Uribe / Mediana.

De su relación con Eva Posas, Gabriela incorpora a su conocimiento el concepto de "identidad fantasma". Este habla sobre la conexión particular que siente Eva hacia el sur, integrando a Centroamérica, el cual es un sentimiento mutuo. Esto determina mucho de la labor que realiza como curadora de artistas como Gabriela, porque propone un universo donde las fronteras terrestres y culturales se disipan, dando paso a comunidades variadas.

Gabriela es una muestra de la capacidad de crear vínculos a través de comunidades, desde su faceta como artista plástica, cineasta, en espacios de experimentación, organizaciones. Tiene formas de ternura que generan vínculos de confianza. En El Salvador en particular, esta habilidad de Gabriela es un tesoro. Al preguntarle porqué creía que nos es tan difícil hacer comunidad, confiesa que cree que tiene que ver con la falta de oportunidades. En un lugar donde estas son tan pocas, es normal que nos genere ruido que estas no alcancen a todos.

Lo que sí debería alcanzar para todos es la capacidad de soñar, "soñar es político. No cualquier cuerpo tiene la capacidad de soñar". En una realidad donde la opresión busca mermar cada espacio de nuestras vidas, es aquí donde la humanidad podrá resistir y permanecer

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