Juan Who, el estilista salvadoreño que construyó su lenguaje entre el cabello y la música

¿Qué tienen en común un corte de cabello y un set de música electrónica? Para Juan Who, ambos pueden cambiar la energía de una persona o de un espacio. Durante más de una década, ha construido un lenguaje propio entre imagen y sonido.

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Juan Who suele vestirse de negro. Puede llevar botas, sombrero vaquero y varios anillos en las manos. Los conserva incluso cuando trabaja con las tijeras, un detalle que podría parecer poco práctico hasta que se entiende cuánto ocupa la estética en su manera de estar en el mundo. En Juan Galdámez, su nombre legal, la imagen no aparece únicamente cuando hay una fiesta, una sesión de fotos o una ocasión para vestirse. Es parte de todos los días.

Hay algo de rockstar en su presencia, aunque la comparación sirve menos por el espectáculo que por cierta disciplina alrededor de la apariencia. Juan pertenece a una generación de creadores salvadoreños que ha encontrado formas de construir un lenguaje propio desde oficios que durante mucho tiempo permanecieron fuera de las categorías tradicionales de la creación. En su caso, ese lenguaje comienza en el cabello, pero pronto alcanza la ropa, la música y los espacios que habita.

Su nombre artístico surgió de una broma. Cuando comenzó a trabajar en peluquería todavía se presentaba como Juan Galdámez y tenía claro que, fuera de su círculo cercano, nadie sabía quién era. En Instagram decidió llamarse Juan Who, casi como si respondiera con sarcasmo a la pregunta que imaginaba del otro lado. "Era como de ‘¿cuál Juan?’", recuerda.

Lo que comenzó como un nickname se quedó. En 2018, cuando empezó a trabajar de manera independiente y a ofrecer servicios bajo su propio nombre, Juan Who ya tenía suficiente sentido para acompañarlo. Con el tiempo dejó de referirse exclusivamente al estilista. "No lo veo como un personaje", explica. "Juan Who es la marca personal y como me conoce la gente", agrega. No hay un momento preciso en el que Juan se convierta en Who. Su ropa, los accesorios, el cuidado de la imagen y la música forman parte de una misma persona. Lo que cambia es el medio. El cabello fue el primero.

Cómo empezó a construir su manera de trabajar
Juan Who reúne peluquería, música y estilo bajo una misma identidad creativa, sin separar el oficio de la manera en que se presenta ante otros. Foto: Mediana.

Alrededor de 2013 compró una máquina, unas tijeras y comenzó a practicar en casa con un par de amigos. Su primera estación fue una mesa plegable. Antes había pensado en tatuar. También había trabajado en oficinas, pasó por ambientes más rígidos. Nunca fue a la universidad porque ninguna de las carreras tradicionales terminó de interesarle. Eso no significó abandonar la formación. Ocurrió lo contrario cuando encontró el oficio al que quería dedicarse. "Hoy en día me paso formando", dice.

Cursos, certificaciones y viajes fueron ocupando el lugar de una educación más convencional. Entre esas experiencias menciona la academia de Josh Lamonaca en Reino Unido, donde realizó una de sus formaciones más completas. De su referente le interesa la forma de entender el cabello, pero también la estética que construye alrededor del trabajo y la forma de prestar el servicio.

Antes había observado otro referente que ayudó a formar su imaginación. Cuando la estética asociada al movimiento hipster comenzó a extenderse desde Europa, Juan miraba imágenes de Schorem, una barbería de Ámsterdam donde los peluqueros trabajaban con gabachas blancas, tatuajes visibles y una apariencia que mezclaba códigos clásicos con una actitud mucho menos convencional. Ese contraste le interesó. No porque quisiera reproducirlo literalmente en San Salvador, sino porque le mostraba que el oficio también podía tener una identidad visual. El peluquero no tenía por qué desaparecer detrás de la silla.

Juan comenzó trabajando en una barbería y luego alquiló una estación en el salón de una amiga. Pronto encontró límites en la estructura tradicional del rubro. Pasaba tiempo buscando cortes, técnicas y referencias de otros países y quería probarlas con una libertad que no siempre encontraba en esos espacios. "Yo siempre he tenido una visión bien artística de mi trabajo", dice.

Por eso tampoco termina de sentirse cómodo con la palabra barbero. Prefiere hablar de estilismo enfocado en el corte o utilizar el término como "hair creative". Lo que le interesa es observar el cabello como una estructura que puede alterar proporciones, acompañar una forma de vestir y comunicar algo acerca de quien lo lleva.

Esa búsqueda tomó una forma más concreta cuando, a los 26 años, creó House of Grooming junto a un socio. El proyecto fue una etapa importante antes de que Juan Who terminara de definirse alrededor de un servicio más personal. El día de la inauguración le dijo a su madre una frase que todavía recuerda, "mami, esta es como mi graduación de la universidad".

House of Grooming estuvo abierto durante casi tres años. Allí Juan intentó llevar el oficio hacia un tipo de experiencia diferente a la barbería comercial que conocía. También comenzó a cuestionar cuánto se pagaba por el trabajo de un peluquero. Recuerda una época en la que algunos cortes podían costar entre dos y cinco dólares. En House of Grooming decidió llevar la tarifa arriba de los diez dólares.

La cifra importa menos por el precio que por la discusión que había detrás. "Esto tiene un valor", pensaba entonces. Para Juan, cortar implicaba herramientas, conocimiento, capacitación, tiempo y una lectura particular de la persona que estaba frente al espejo. Con los años entendió además que lo suyo funcionaba mejor cuando podía trabajar de manera individual. House of Grooming terminó después de la pandemia y esa experiencia le ayudó a reconocer que su interés estaba en un servicio mucho más cercano.

La atmósfera también se trabaja
Para Juan, un corte comienza antes de las tijeras. Observa, escucha y propone según la persona, su trabajo y la imagen que quiere proyectar. Foto: Mediana.

Ese carácter personal comienza antes del primer tijeretazo. Juan observa cómo llega alguien, cuánto parece preocuparse por su pelo y qué referencias trae. Pregunta a qué se dedica. Escucha. Si el cliente no sabe qué quiere, la conversación le da pistas. “Dentro de toda la plática yo estoy haciendo un análisis”, explica.

La idea de que ciertas profesiones necesitan ciertos cortes le interesa precisamente porque puede discutirla. Si alguien trabaja en tecnología, por ejemplo, Juan no ve por qué tendría que ajustarse automáticamente a una imagen conservadora. "Tu cabello también comunica", dice. Esa frase podría extenderse a casi todo lo que hace.

También comunica la música que suena en el estudio. Juan recuerda que una de las primeras cosas que lo impactaron cuando entró a un salón fue escuchar una selección musical que alteraba por completo la experiencia del lugar. Años después, sus propias playlists forman parte de lo que ocurre alrededor de la silla. A veces quiere subir la energía. Otras veces bajar el ritmo.

El corte puede durar una fracción del día, pero la conversación que ocurre durante ese tiempo puede moverse por lugares mucho más personales. Juan escucha problemas, cambios y preocupaciones. Calcula que en una jornada puede tener hasta nueve conversaciones distintas. "Mi servicio pasó de ser personalizado a ser personal", dice.

Esa relación con la atmósfera ayuda a entender por qué la música electrónica terminó ocupando otro lugar en su vida. Durante unos tres años fue simplemente parte del público. Ir a fiestas funcionaba como una salida frente al desgaste cotidiano del trabajo. Después comenzó a observar a quienes estaban detrás de la consola. Le interesaba la posibilidad de modificar el ánimo de un lugar a través del sonido. 

Hace poco más de dos años decidió aprender a hacerlo él mismo. La transición no necesitó otro nombre. Si Juan Who podía existir detrás de una silla, también podía hacerlo como DJ. "Yo sabía que Juan Who era más que un corte de cabello", explica.

Sus referencias musicales ayudan a completar el mapa. Dentro del house menciona a YAME. Cuando habla de techno aparecen Sara Landry y Nico Moreno, artistas que escuchó cuando comenzó a introducirse con mayor profundidad en esa escena.

Sin embargo, la conexión entre ambas facetas no está únicamente en sus gustos. Cuando toca, Juan piensa en la ropa de acuerdo con el sonido. Un set de techno oscuro exige una presencia distinta a una sesión de afro house en una terraza. El vestuario forma parte del ambiente, igual que la música, la iluminación y la manera en que se presenta frente al público. "Estoy dando un performance", dice. También considera que lo hace mientras hace un corte.

Un espacio para reunir sus lenguajes
Juan llegó a la música electrónica como público y luego pasó a la consola, atraído por la posibilidad de cambiar la energía de un espacio desde el sonido. Foto: Mediana.

Su nuevo espacio en Plaza Presidente reúne ahora muchas de esas ideas. Esa mudanza no estaba prevista. El edificio donde trabajaba fue vendido y recibió alrededor de mes y medio para dejarlo. La noticia llegó después de un viaje a México en el que había tenido asesorías y conocido a personas vinculadas con el estilismo.

La obligación de moverse terminó convirtiéndose en la posibilidad de replantear su lugar de creación. Su nuevo estudio evita la apariencia habitual de un salón. Hay láminas corrugadas, espejos grandes, iluminación industrial, pequeñas palmeras y una combinación de rojo, blanco y negro. Junto al trabajo de Juan conviven un estudio de tatuajes, un pequeño showroom de ropa de segunda mano y una selección de accesorios.

No son actividades completamente separadas. El cabello, la ropa y los tatuajes participan de una misma conversación sobre cómo una persona decide presentarse. Juan estudia actualmente fashion styling y creación de conceptos editoriales y visuales. Es otra capa de una práctica que lleva años expandiéndose sin abandonar su punto de partida.

Quizá por eso sus referentes pueden encontrarse en una barbería de Ámsterdam, una academia británica o una cabina de DJ. Juan no busca acumular disciplinas sin un plan sino observar cómo cada una de ellas construye una imagen y cómo esa imagen produce una sensación.

Juan Who comenzó preguntándose, en broma, si alguien sabía quién era Juan Galdámez. Más de una década después la respuesta no parece necesitar una definición cerrada. Puede estar detrás de un corte, frente a una consola, en la canción que escoge para el estudio o en la ropa que decide usar antes de tocar un set. En todos esos lugares hay una misma idea en movimiento. Para Juan, la estética es una forma de decir quién se es antes de pronunciar una palabra.

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