Otto Flores, embajador global de Barceló, viajó desde República Dominicana para guiar una cata íntima en el nuevo espacio de Octavia. Esto fue lo que pasó esa noche.
Cuando uno entra a la nueva tienda de Octavia, lo primero que detiene los pasos son las botellas. Las doradas, las plateadas, las rosa gold de Bottega alineadas como si esperaran ser elegidas. Después, si uno sigue avanzando, el espacio se abre en vinos, quesos, jamones, jaleas y espirituosos. Más de 800 referencias, según cuenta Nora Sepúlveda, brand manager de Octavia. Todo en un solo lugar.
Fue ahí, en la terraza de esa nueva casa, donde Ron Barceló organizó una noche de cata y mixología con un grupo de unas veinte personas. Mesas de cuatro en cuatro, tablas de quesos, semillas y frutas. Al frente, Otto Flores, embajador global de la marca, llegado desde República Dominicana con la misión de explicar cómo un ron puede convertirse en un cóctel sin perder lo que es.

Otto habló de lo que hace distinto a Barceló. No es solo su origen dominicano producido estrictamente de jugo de caña, sino el proceso de envejecimiento en barricas de roble americano, japonés y europeo, también de arce, también en silos y toneles que antes guardaron vino de Oporto o vino francés. "Combinamos barricas de diferentes latitudes para producir rones para paladares exigentes", dijo. El resultado, según él, es el ron oscuro más exportado del mundo.
Durante la noche se hicieron cuatro cócteles. El Barceló Spritz fue quizás el más festivo, con Gran Añejo, Aperol, maracuyá y prosecco. El Gran Añejo Mule llevó Licor 43, limón y ginger ale. El Negronix reinterpretó el negroni clásico con Imperial Onyx y un toque de bitter de chocolate. Y La Pérgola combinó Barceló Imperial con pomelo, cordial de piña y romero, y agua tónica. Cada uno con una lógica propia.

Alejandra González llegó acompañada, como suele hacer. Ya había pasado por una cata de vinos en Octavia. Esta vez vino con amigas y con la misma actitud curiosa. "Nos gusta conocer realmente cómo se preparan, cómo se hacen", dijo, "porque ya después nosotros hacemos reuniones en casa y nos facilita aún más comprar el ron y saber cómo utilizarlo bien." Juan Diego Fiallos fue más directo desde el principio. "Yo no tomo ron, voy a ser súper honesto", reconoció. Pero algo en la noche lo fue llevando de un vaso al siguiente. Su cóctel favorito es el Moscow Mule y esa noche lo hicieron con Barceló. "Ha sido una experiencia que me encanta", terminó diciendo.
Otto tiene una opinión formada sobre el mercado salvadoreño. Dice que "El Salvador es el país menos ronero de la región", pero también el más diverso. "El paladar del salvadoreño es muy diverso y ha acogido bien a Ron Barceló", explicó. Agregó que 2026 viene con impulso, con más de diez años consecutivos creciendo en doble dígito y el año 2026 apuntando todavía más arriba.

Sobre la nueva tienda también fue honesto. La anterior le gustaba. Pero esta, más grande y más abierta, permite convocar más gente y albergar más expresiones de la marca. "Octavia ha dado un paso súper importante", dijo. Al final de la noche, Ron Barceló sorprendió a los asistentes con algunas botellas de regalo. Otto Flores, que prefiere su ron solo y sin adornos, se quedó un rato más conversando. Es el tipo de noche que no tiene un momento claro en que termina, simplemente se va apagando despacio, con las copas casi vacías y la conversación todavía encendida.







